UN AÑO EN CAMPECHE: CRUZ AZUL Y VICTOR VELAZQUEZ, LA VISIÓN DE UN HOMBRE QUE ESTÁ CREYENDO EN CAMPECHE

UN AÑO EN CAMPECHE: CRUZ AZUL Y VICTOR VELAZQUEZ, LA VISIÓN DE UN HOMBRE QUE ESTÁ CREYENDO EN CAMPECHE

POR TOMAS ZAPATA BOSCH

Una inversión de 300 millones de dólares, el resurgimiento de una de las grandes instituciones industriales y deportivas de México, la labor humanitaria de doña Juliana Reynoso, cariñosamente conocida como “Doña July” y una posibilidad extraordinaria para el Polo del Bienestar de Seybaplaya. Una historia de talento, visión empresarial y confianza en el futuro de nuestro estado. Por supuesto la visión de LAYDA Sansores ha sido determinante para poder lograr esto.

CRUZ AZUL: UNA NUEVA OPORTUNIDAD PARA CAMPECHE.- La llegada de la Cooperativa Cruz Azul a Campeche representa mucho más que la instalación de una planta cementera. Es una oportunidad para que nuestro estado comience a construir una nueva etapa de desarrollo industrial, genere empleos, fortalezca su infraestructura logística y aproveche, finalmente, esa extraordinaria posición geográfica que tenemos y que durante tantos años no hemos sabido transformar en bienestar y prosperidad para los campechanos.

No se trata simplemente de celebrar una inversión ni de quedarnos con la fotografía de la colocación de una primera piedra. Se trata de comprender la dimensión de lo que puede significar para Campeche contar con una empresa de esta naturaleza, con capacidad para impulsar otras actividades productivas, atraer nuevas inversiones y abrir posibilidades económicas que nuestro estado necesita desde hace muchos años.

EL NOMBRE DETRÁS DEL MITO.- Detrás de esta historia aparece necesariamente un hombre cuyo nombre merece ocupar un lugar central en este artículo: el ingeniero Víctor Manuel Velázquez Rangel, presidente del Consejo de Administración de la Cooperativa La Cruz Azul, quien ha encabezado una etapa de recuperación, modernización y expansión empresarial que ha fortalecido a una de las organizaciones industriales más emblemáticas de México y que, simultáneamente, ha acompañado el crecimiento de una institución deportiva que despierta pasiones dentro y fuera de nuestro país.

LA PLATICA EN SEYBA.- Pero antes de hablar de cifras, inversiones, fábricas, puertos y futbol, quiero compartir una experiencia personal que me permitió comprender mucho mejor la dimensión de lo que está ocurriendo en Campeche. Tuve la oportunidad de platicar personalmente con el ingeniero Víctor Velázquez durante la colocación de la primera piedra de la nueva planta cementera de Cruz Azul en Seybaplaya. Fue una conversación de aproximadamente 45 minutos que, debo confesarlo, me dejó gratamente impresionado, motivado y emocionado. Porque una cosa es conocer la trayectoria de un empresario cooperativista a través de sus resultados, sus inversiones y las noticias que genera, y otra muy distinta es pararse frente a él, escucharlo y descubrir la profundidad de su pensamiento, su conocimiento de la realidad nacional y, particularmente, la extraordinaria visión que tiene sobre el futuro de Campeche.

No puedo decir que conozco profundamente al ingeniero Velázquez. Sería pretencioso afirmarlo después de una sola conversación. Pero sí puedo decir que aquellos 45 minutos me permitieron abrevar de sus conocimientos, de su experiencia y, sobre todo, de una manera de entender el desarrollo que va mucho más allá de lo que muchos alcanzan a ver frente a sus propias narices. Encontré a un hombre que no solamente conoce su cooperativa y a sus hermanos cooperativados, sino que comprende el entorno económico nacional, las oportunidades que ofrece nuestro territorio y la importancia de anticiparse a lo que puede ocurrir dentro de diez, veinte o treinta años.

Me impresionó particularmente su conocimiento de Campeche. No estaba hablando con alguien que había decidido invertir cientos de millones de dólares en un territorio del que apenas conocía su ubicación geográfica. Estaba frente a un hombre que había estudiado nuestras posibilidades, que comprendía el valor de nuestra posición frente al Golfo de México y que tenía una idea muy clara de las oportunidades industriales, portuarias y logísticas que pueden desarrollarse alrededor de Seybaplaya. Víctor Velázquez y los directivos de Cruz Azul están creyendo en Campeche. Y lo está haciendo de la manera en que los empresarios demuestran que creen en algo: invirtiendo, arriesgando, construyendo y comprometiendo el futuro de una organización que tiene una extraordinaria historia dentro de la vida económica de México.

Por supuesto que Victor Velazquez privilegia los intereses empresariales de Cruz Azul. Sería absurdo pensar de otra manera. Tiene la responsabilidad de conducir una cooperativa, procurar su crecimiento, generar resultados y responder a la confianza de quienes forman parte de ella. Pero lo que pude advertir durante aquella conversación es que su visión no termina en los balances financieros, en las cifras de producción o en los mercados que puede conquistar. Hay en su pensamiento una dimensión humanista y una comprensión global del desarrollo que involucra a las personas, a las comunidades y al entorno social donde se establecen sus proyectos y eso me parece especialmente importante. Porque una cosa es construir una fábrica y otra muy distinta es comprender que alrededor de esa fábrica existen familias, pueblos, jóvenes que necesitan oportunidades, trabajadores que aspiran a una vida mejor y regiones enteras que pueden transformar su destino cuando una inversión se acompaña de una visión de largo plazo.

Después de más de cuatro décadas y media ejerciendo el periodismo, conversando con personajes de la vida pública, política y empresarial de nuestro país, he aprendido a reconocer cuándo estoy frente a alguien que tiene algo importante que decir y, sobre todo, algo importante que construir. Aquellos 45 minutos me permitieron conocer apenas una parte del pensamiento de Víctor Velázquez, pero me dejaron la impresión de estar frente a un hombre que piensa en el futuro mientras muchos otros continúan discutiendo el pasado. Por eso me entusiasma que haya puesto los ojos en Campeche. Esa vision fue compartida por Gerardo Sanchez Sansores, quien, junto con el entonces alcalde de Carmen, Pablo Gutierrez, estuvieron presentes en esa conversacion.

EL INCIO DE TODO EN CAMPECHE.- La construcción de la planta cementera comenzó formalmente el 22 de septiembre de 2025, en un acto encabezado por la gobernadora Layda Sansores San Román y el ingeniero Víctor Velázquez, después de un proceso de acercamiento entre el Gobierno del Estado y la Cooperativa que se remontaba a 2023,en la cual mucho tuvo que ver Gerardo Sanchez, tal y como lo reconocio la propia Gobernadora en el evento de la primera piedra. La inversión anunciada supera los 300 millones de dólares, contempla la generación de 800 empleos directos y más de dos mil indirectos, y tiene como objetivo alcanzar una producción de hasta un millón de toneladas anuales de cemento cuando opere a plena capacidad, de acuerdo con las previsiones difundidas para 2027.

No son cifras menores para Campeche. Una inversión de esta naturaleza puede representar una oportunidad para transformar la economía de Seybaplaya y comenzar a desarrollar alrededor de ella actividades que durante mucho tiempo han estado ausentes de nuestra estructura productiva. Una fábrica cementera de estas dimensiones necesita trabajadores, técnicos, ingenieros, transportistas, proveedores, mantenimiento, servicios, infraestructura, alimentación, vivienda y una amplia cadena de actividades que pueden multiplicar sus beneficios mucho más allá del terreno donde se construye. Además, el proyecto contempla la incorporación de tecnología industrial y soluciones para el aprovechamiento de residuos y neumáticos en sus procesos productivos, según lo anunciado durante el inicio de las obras. Es un componente relevante de la inversión, cuyos resultados ambientales deberán acreditarse durante su funcionamiento.

LA VISION GLOBALIZADORA DE CRUZ AZUL.- Pero sería un error analizar esta fábrica como un acontecimiento aislado. Para comprender su verdadero significado hay que observar el proyecto empresarial que la hizo posible y, particularmente, al hombre que lo está conduciendo. La Cooperativa Cruz Azul es una de las organizaciones más representativas de la historia industrial mexicana. Su modelo cooperativista, consolidado desde 1931, permitió construir una institución de gran arraigo entre sus trabajadores y socios, con una marca que se convirtió en símbolo de la industria cementera nacional y, posteriormente, también del futbol profesional. Pero ninguna empresa, por sólida que sea su historia, puede vivir eternamente de sus glorias pasadas. Las organizaciones tienen que renovarse, modernizar sus instalaciones, incorporar nuevas tecnologías, fortalecer sus finanzas y encontrar oportunidades de crecimiento. De lo contrario, terminan administrando aquello que construyeron generaciones anteriores mientras el mundo continúa avanzando.

LA DIRECCION TALENTOSA VISIONARIA E INTELIGENTE.- Aquí es donde aparece la etapa de conducción del ingeniero Velázquez. La Cooperativa ha atravesado un proceso de reorganización, recuperación de activos y expansión industrial que ha permitido impulsar nuevas inversiones. Durante 2025 reportó un crecimiento de 9 por ciento en su producción respecto de 2024 y, entre agosto de 2025 y mayo de 2026, informó de la generación de mil 300 empleos directos adicionales. Su estrategia comprende proyectos en Hidalgo, Oaxaca y Campeche, dentro de una visión de crecimiento que no se limita a una sola región del país. A lo anterior se suma el respaldo institucional expresado por los socios participantes en la Asamblea General Ordinaria de 2026, durante la cual Velázquez fue ratificado al frente del Consejo de Administración. La Cooperativa reportó una participación del 99.18 por ciento de los convocados y el voto unánime de los asistentes a favor de su continuidad.

La dimensión de ese proceso permite entender mejor la decisión de invertir en Campeche. No se trata de una empresa que busca simplemente establecer otra instalación productiva. Se trata de una organización que está ampliando su capacidad industrial, procurando fortalecer su posición en el mercado y desarrollando infraestructura para competir durante los próximos años.

Y quiero detenerme en algo que me parece particularmente importante: la capacidad de Víctor Velázquez para conducir simultáneamente una organización industrial y una institución deportiva de enorme arraigo nacional.

EL DEPORTE, TEMA PRIMORDIAL PARA LA COOPERATIVA Y SU PRESIDENTE.- Porque resulta imposible hablar de Cruz Azul sin hablar del futbol. La camiseta celeste representa generaciones enteras de aficionados. Su historia está ligada a triunfos, derrotas, grandes jugadores y momentos que forman parte de la memoria colectiva de México. Para millones de mexicanos, Cruz Azul no es solamente el nombre de una empresa cementera; es también una identidad deportiva, una pasión familiar y un símbolo que ha acompañado buena parte de sus vidas.

Bajo la actual etapa institucional, el equipo alcanzó en 2025 uno de sus resultados internacionales más importantes al conquistar su séptima Copa de Campeones de la Concacaf. Lo hizo derrotando 5-0 al Vancouver Whitecaps de Canadá, en una final que le permitió igualar el récord histórico de títulos de la competencia y obtener su clasificación al Mundial de Clubes de la FIFA 2029. Desde luego, los campeonatos se construyen dentro de la cancha, con jugadores, entrenadores y cuerpos técnicos. Pero también requieren recursos, organización, infraestructura, administración y una dirección institucional capaz de sostener proyectos competitivos. El futbol moderno exige mucho más que contratar buenos jugadores. Exige planeación, desarrollo comercial, formación deportiva, capacidad financiera y estructuras capaces de competir dentro y fuera del país. En ese sentido, la conducción de una institución como Cruz Azul representa una responsabilidad que trasciende ampliamente los resultados de un partido. Esa es una de las características que más me llamaron la atención del ingeniero Velázquez: su capacidad para observar simultáneamente distintas dimensiones de una misma organización. La industria, los mercados, la producción, los cooperativistas, el futbol, las comunidades y las oportunidades de expansión. No estamos hablando de actividades inconexas. Estamos hablando de distintas expresiones de una organización cuyo nombre y cuya identidad tienen una presencia extraordinaria dentro de la sociedad mexicana.

Cruz Azul es una gran marca industrial y una gran marca deportiva. Su presencia internacional está acreditada particularmente en el terreno futbolístico, mientras que su expansión empresarial representa una apuesta concreta por fortalecer su dimensión productiva. Esa combinación le confiere una personalidad institucional que pocas organizaciones mexicanas poseen. Por eso precisamente su incursion en Campeche es de suma importancia porque Cruz Azul transforma comunidades enteras y el deporte es su herramienta de crecimiento armonico a la par de su profundo respeto por el ser supremo, como queda perfectamente claro con las ceremonias religiosas que realizan periodicamente para agradadecer tantas bendiciones.

Víctor Velázquez está conduciendo precisamente esa etapa de transformación.

Por eso, cuando escuché sus planteamientos sobre Campeche durante nuestra conversación en Seybaplaya, comprendí que su interés iba más allá de construir una fábrica. Estaba frente a un hombre que visualizaba oportunidades de crecimiento industrial y que entendía el valor estratégico de una región cuya ubicación geográfica puede convertirse en una extraordinaria ventaja competitiva.

Porque Seybaplaya no es solamente el lugar donde estará instalada la nueva planta cementera. Seybaplaya tiene puerto. Tiene carretera. Tiene cercanía con infraestructura ferroviaria y una ubicación frente al Golfo de México que puede conectar actividades productivas con mercados nacionales e internacionales. Tiene, además, la posibilidad de convertirse en un punto de articulación entre la producción industrial y el movimiento de mercancías. Eso nos conduce a una de las partes más importantes de esta historia.

CRUZ AZUL Y EL POLO DEL BIENESTAR: UNA POSIBILIDAD QUE PODRÍA CAMBIAR LA DIMENSIÓN DEL PROYECTO.- Existe una posibilidad que merece especial atención y que podría ampliar considerablemente el alcance de la presencia de Cruz Azul en Campeche: su eventual participación en el desarrollo y administración del Polo de Desarrollo Económico para el Bienestar Seybaplaya I. El término jurídico que corresponde examinar es el de Desarrollador, figura contemplada en los lineamientos federales de los Polos de Desarrollo Económico para el Bienestar. La ficha oficial del proyecto de Seybaplaya I, revisada el 5 de agosto de 2026, identifica expresamente la construcción y la administración entre sus alcances.

Debo precisar que, hasta el momento, no he encontrado una adjudicación pública que permita afirmar que Cruz Azul ya recibió formalmente esa responsabilidad. La posibilidad de su participación deberá confirmarse mediante los procedimientos y documentos correspondientes. Pero si llega a concretarse, estaríamos hablando de un proyecto cuyo alcance podría ir mucho más allá de la construcción de la planta cementera. Y no es una perspectiva menor. El Polo de Desarrollo Económico para el Bienestar Seybaplaya I comprende prácticamente 100 hectáreas de superficie, ubicadas junto a la carretera federal 180, a solamente 4.9 kilómetros del Puerto de Seybaplaya, a 36 kilómetros del Aeropuerto Internacional de Campeche y a 37 kilómetros de la vía ferroviaria del Tren Maya. Su declaratoria federal reconoce una ubicación con conectividad potencial hacia mercados nacionales e internacionales.

Detengámonos un momento en lo que significan esas condiciones geográficas.

Estamos hablando de un espacio que puede articular industria, almacenamiento, distribución, transporte y comercio exterior. Un territorio que puede aprovechar la cercanía del puerto para movilizar insumos y productos terminados, utilizar la red carretera para conectarse con el resto de la península y del país, y desarrollar una relación complementaria con la infraestructura ferroviaria conforme se concreten las conexiones y los servicios necesarios.

No basta con tener un puerto. Hay que generar carga para ese puerto. No basta con disponer de carreteras. Hay que desarrollar actividades económicas que justifiquen su utilización. No basta con contar con terrenos industriales. Hay que conseguir empresas capaces de instalarse, producir, generar empleos y establecer cadenas de valor. Y un polo industrial requiere mucho más que una declaratoria oficial. Necesita infraestructura. Necesita servicios. Necesita capacidad administrativa. Necesita promoción empresarial. Necesita inversionistas. Necesita organizaciones capaces de atraer nuevas empresas y crear las condiciones para que distintas actividades productivas puedan desarrollarse dentro de un mismo espacio. Es ahí donde una eventual participación de Cruz Azul como Desarrollador podría adquirir una trascendencia extraordinaria. Porque estamos hablando de una Cooperativa con experiencia industrial, capacidad productiva, organización administrativa y relaciones comerciales que podrían contribuir al desarrollo de un ecosistema productivo alrededor de Seybaplaya. La cementera podría convertirse en una empresa ancla, pero no tendría por qué ser la única actividad económica relacionada con este nuevo espacio industrial. A su alrededor podrían establecerse proveedores, centros de distribución, servicios especializados, instalaciones de almacenamiento y empresas manufactureras que aprovecharan las condiciones logísticas de la región. Podría generarse una relación de complementariedad entre la nueva fábrica, el puerto, el Polo del Bienestar y otras actividades empresariales interesadas en incorporarse a una región con posibilidades de crecimiento.

Aquí está precisamente lo que me entusiasma de esta posibilidad. Porque Campeche no necesita solamente nuevas empresas. Necesita comenzar a construir una estructura industrial que permita a unas empresas generar oportunidades para otras, que fortalezca la proveeduría regional y que haga posible que una parte importante de la riqueza producida permanezca circulando dentro de nuestro propio territorio. Si Cruz Azul llega a asumir formalmente una responsabilidad de esta naturaleza, su presencia en Campeche podría adquirir una dimensión considerablemente mayor que la de una nueva planta cementera. No se trataría solamente de fabricar cemento. Se trataría de contribuir al desarrollo de un espacio capaz de atraer nuevas industrias, fortalecer la infraestructura logística y ampliar las posibilidades de exportación y aquí quiero subrayar algo importante: los 300 millones de dólares destinados a la fábrica cementera son una inversión distinta del eventual desarrollo del Polo del Bienestar. No debemos confundir ambas cosas ni sumar cifras que todavía no han sido anunciadas. La planta es un proyecto industrial concreto y en construcción. La participación de Cruz Azul como Desarrollador del Polo es una posibilidad adicional que requiere confirmación formal. Pero precisamente por esa diferencia resulta tan importante dimensionar lo que podría ocurrir si ambos proyectos llegan a articularse. Porque la fábrica puede convertirse en el principio de algo mucho más grande.

Y ésa es la clase de oportunidades que un estado como Campeche no puede permitirse desperdiciar.

UN AÑO YA EN CAMPECHE.- En septiembre de 2025, durante la colocación de la primera piedra de la planta cementera, el ingeniero Velázquez expresó públicamente su deseo de que la inversión se convirtiera en un legado compartido entre Campeche y Cruz Azul, y manifestó la intención de los cooperativistas de integrarse a la comunidad campechana y contribuir al desarrollo social y económico de la región. Ese planteamiento adquiere hoy una dimensión especial. Porque la integración de una gran empresa a una comunidad no puede limitarse a la contratación de trabajadores o al pago de impuestos. Puede significar también desarrollar proveedores, formar técnicos, impulsar infraestructura, fortalecer servicios y contribuir a construir oportunidades para las siguientes generaciones.

En mi conversación con Víctor Velázquez pude advertir precisamente esa manera de comprender el desarrollo. Una visión en la que los intereses empresariales y las oportunidades regionales pueden encontrar espacios de coincidencia y beneficio mutuo. Y por eso considero que su interés en Campeche merece ser observado con toda la atención que corresponde a una inversión de esta magnitud.

DOÑA JULY REYNOSO: EL ROSTRO HUMANO DE UNA GRAN FAMILIA.- Pero hay otra historia alrededor de Cruz Azul que considero particularmente importante y que merece un reconocimiento propio. Una historia que no se cuenta en millones de dólares, toneladas de cemento o kilómetros de infraestructura, sino en la vida de las personas. Me refiero a la licenciada Juliana Reynoso Cadena, llamada afectuosamente doña July, esposa del ingeniero Víctor Velázquez, presidenta y fundadora de “CruzHada”, una organización que ha desarrollado una importante labor altruista y comunitaria en distintas regiones de México y que ya tiene presencia en nuestro estado. Doña July representa una dimensión profundamente humana de esta gran familia cooperativista. Su trabajo al frente de “CruzHada” ha estado relacionado con la atención a niños, familias y comunidades que enfrentan necesidades concretas y que, en muchas ocasiones, encuentran en estas acciones una oportunidad para mejorar sus condiciones de vida. Quiero detenerme particularmente en ella porque con demasiada frecuencia hablamos de los grandes dirigentes empresariales y dejamos en un segundo plano a las mujeres que realizan una tarea social extraordinaria, muchas veces lejos de los reflectores y sin esperar que cada acción se convierta en una noticia. Doña July es la amiga, compañera y socia de Victor Velazquez y por supuesto, su mejor aliada en esta etapa en que aunque den resultados muy visibles para la empresa, no estan excentos del escrutinio publico.

Las actividades de “CruzHada” han incluido campañas de salud visual y distintas acciones comunitarias en regiones vinculadas con la Cooperativa. En febrero de 2024 ya se documentaban más de 800 lentes entregados gratuitamente y más de mil exámenes visuales realizados a niñas y niños de municipios de Hidalgo, Oaxaca, Aguascalientes, Estado de México y Puebla. No estamos hablando, por tanto, de una acción aislada ni de un programa improvisado para acompañar la inauguración de una fábrica. Estamos hablando de un trabajo social que se ha desarrollado en distintas regiones del país y que comienza a extenderse también hacia las comunidades campechanas. Y esa mano solidaria ya llegó a Seybaplaya. El 4 de diciembre de 2025 se documentó la entrega de 231 pares de lentes a estudiantes de diez escuelas primarias y secundarias de Seybaplaya, Xkeulil y Villamadero, como resultado de una campaña impulsada por “CruzHada” en coordinación con las secretarías estatales de Salud y Educación y otras organizaciones participantes. Previamente se habían realizado evaluaciones visuales a 488 alumnos, de los cuales 231 presentaron alteraciones en su agudeza visual.

Quiero detenerme en el significado de esas cifras. Para quienes estamos acostumbrados a hablar de grandes inversiones, 231 pares de lentes podrían parecer un asunto pequeño. Pero no lo son.

Para un niño que no puede distinguir las letras del pizarrón, que tiene dificultades para leer un libro o que comienza a rezagarse en sus estudios porque nadie ha detectado oportunamente un problema visual, recibir unos lentes puede representar un cambio profundo en su vida.

Puede significar volver a aprender con normalidad.

Puede significar recuperar confianza.

Puede significar descubrir que aquello que parecía una dificultad escolar tenía una solución relativamente sencilla, pero que su familia no había podido conseguir.

Y para una madre o un padre que contempla cómo su hijo comienza a superar esas dificultades, el significado de ese apoyo puede ser mucho mayor que cualquier cifra que aparezca en un informe empresarial.

Ésa es la dimensión humana de “CruzHada”.

Y ésa es la importancia de la labor que encabeza doña July.

No se trata solamente de entregar apoyos. Se trata de acercarse a las personas, conocer sus necesidades y construir una relación de solidaridad con las comunidades. Se trata de comprender que una empresa puede crecer y, al mismo tiempo, contribuir a que el entorno social donde desarrolla sus actividades encuentre nuevas oportunidades de bienestar. Hay una diferencia fundamental entre llegar a un territorio para producir y llegar con la disposición de integrarse a la sociedad que lo habita. CruzHada está contribuyendo a construir precisamente esa segunda relación y me parece justo reconocerlo porque el desarrollo verdadero no puede medirse solamente por chimeneas, toneladas, carreteras, puertos o dólares. También debe medirse por la relación que las organizaciones construyen con las personas y por la manera en que sus actividades pueden contribuir a mejorar la vida de las familias.

Campeche necesita inversión, pero necesita particularmente inversión con arraigo.

Necesita empresas que lleguen para quedarse, que contraten campechanos, que formen técnicos, que desarrollen proveedores locales, que aprovechen nuestros puertos y que comprendan que su presencia puede contribuir a transformar el entorno donde realizan sus actividades.

Doña July y las mujeres de CruzHada están contribuyendo a esa dimensión de la presencia de Cruz Azul. Y aquí encuentro una coincidencia que me parece particularmente importante con la impresión que me dejó el ingeniero Velázquez durante nuestra conversación en Seybaplaya. Él me habló desde una visión empresarial amplia, desde la necesidad de construir oportunidades y desde el conocimiento de las posibilidades económicas de nuestro estado. Su esposa desarrolla, desde otro frente, acciones que llevan esa presencia empresarial hasta las familias y las comunidades.

Son dimensiones distintas, pero extraordinariamente complementarias.

La inversión genera oportunidades económicas. La sensibilidad social contribuye a construir vínculos humanos. Y cuando ambas tareas se desarrollan con continuidad, la presencia de una organización puede adquirir un significado mucho más profundo para la población. No pretendo atribuir a doña July acciones personales que no estén documentadas ni convertir el trabajo colectivo de CruzHada en el mérito exclusivo de una sola persona. Pero sí reconocer su papel al frente de una organización que ha demostrado capacidad para sumar esfuerzos, acercarse a las comunidades y desarrollar proyectos que atienden necesidades concretas.

Porque detrás de cada campaña hay mujeres que organizan, gestionan, colaboran y trabajan para hacer posible que los apoyos lleguen a quienes los necesitan.

Y detrás de esos apoyos hay historias humanas que merecen ser contadas.

Hay quienes construyen fábricas. Hay quienes, además, ayudan a construir comunidad. Y cuando ambas tareas coinciden, el crecimiento empresarial adquiere un sentido mucho más profundo.

CAMPECHE TIENE QUE ESTAR A LA ALTURA DE ESTA OPORTUNIDAD.- La llegada de Cruz Azul ocurre en un momento particularmente importante para nuestro estado. Campeche necesita diversificar su economía, aprovechar mejor su infraestructura portuaria, desarrollar actividades industriales y generar condiciones para que nuestros jóvenes encuentren oportunidades de trabajo y crecimiento profesional sin tener que abandonar su tierra. Necesitamos reducir nuestra dependencia de los hidrocarburos y del gasto público. Necesitamos construir una economía que tenga capacidad para generar riqueza a partir de la producción, la transformación, la industria, los servicios y el comercio.

Pero también necesitamos comprender algo que durante demasiado tiempo hemos olvidado: el desarrollo no se produce por generación espontánea.

No basta con disponer de recursos naturales. No basta con tener una ubicación geográfica privilegiada. No basta con contar con puertos, carreteras, territorio e infraestructura. Se necesitan proyectos, inversión, organización, capacidad empresarial y personas dispuestas a comprometer su talento y sus recursos para convertir las posibilidades en realidades.

Y eso es precisamente lo que representa la decisión de Cruz Azul de invertir en Seybaplaya.

Una inversión de esta dimensión no puede analizarse solamente por el número de empleos que promete generar. Hay que observar también las actividades económicas que pueden desarrollarse alrededor de ella, las oportunidades para los proveedores locales, la posibilidad de formar trabajadores especializados y las condiciones que puede ayudar a crear para atraer nuevas empresas.

Pero tampoco basta con conseguir que una empresa llegue. Hay que procurar que su presencia contribuya a multiplicar las oportunidades económicas de quienes viven aquí.

El Gobierno del Estado tiene una responsabilidad importante en el desarrollo de infraestructura y en la creación de condiciones que permitan aprovechar plenamente estas inversiones. Las instituciones educativas tienen que participar en la formación de técnicos y profesionistas capaces de incorporarse a las nuevas actividades industriales. Los empresarios locales necesitan prepararse para competir y formar parte de cadenas productivas de mayor dimensión.

Y la sociedad campechana tiene que comprender que una inversión de esta naturaleza puede convertirse en una oportunidad colectiva cuando existen condiciones para que sus beneficios se extiendan mucho más allá de la empresa que la realiza. No podemos seguir esperando que alguien venga a resolver nuestros problemas económicos mientras nosotros permanecemos contemplando nuestras dificultades. Tenemos que construir nuestro propio desarrollo.

Y para construirlo necesitamos reconocer las oportunidades, aprovecharlas y generar condiciones para que produzcan resultados.

Por eso me parece tan importante la posibilidad de que Cruz Azul amplíe su participación hacia el desarrollo del Polo del Bienestar de Seybaplaya. Porque una relación empresarial que comienza con una planta cementera puede adquirir una dimensión mucho mayor si logra integrarse a un proyecto de desarrollo industrial, logístico y portuario. La cercanía con el Puerto de Seybaplaya ofrece oportunidades para movilizar materias primas y productos terminados. La infraestructura carretera permite articular la producción con el resto de la península y del país. Las conexiones ferroviarias y portuarias que lleguen a consolidarse podrían ampliar las posibilidades comerciales de las empresas que se establezcan en la región.

Y todo ello podría contribuir a que Campeche comience a participar con mayor intensidad en las cadenas nacionales e internacionales de producción y distribución.

Pero hay algo que considero todavía más importante.

El desarrollo económico debe traducirse en oportunidades para las personas.

En empleos.

En mejores ingresos.

En formación profesional.

En proveedores campechanos que crezcan.

En jóvenes que encuentren posibilidades de construir su futuro dentro de su propio estado.

En familias que puedan vivir mejor.

Y en comunidades que comiencen a sentir que las grandes inversiones no solamente pasan frente a ellas, sino que también forman parte de su propia historia.

VICTOR VELAZQUEZ, EL ARTIFICE DEL ÉXITO.- Ése tendría que ser el verdadero significado de la llegada de Cruz Azul a Campeche. Quiero terminar regresando al principio de esta historia. A aquella conversación con el ingeniero Víctor Manuel Velázquez Rangel durante la colocación de la primera piedra de la planta cementera de Cruz Azul en Seybaplaya. No sé si volveré a tener la oportunidad de conversar con él durante tanto tiempo. Ojalá que sí. Porque me quedaron preguntas, inquietudes y, sobre todo, el deseo de seguir conociendo la visión de un empresario que ha decidido incorporar a nuestro estado dentro de sus proyectos de crecimiento.

Pero hay algo que sí puedo afirmar desde aquella experiencia personal: Víctor Velázquez me dejó gratamente impresionado. Me impresionó su conocimiento de Campeche, su comprensión de las oportunidades industriales que ofrece nuestra ubicación geográfica y su capacidad para observar el futuro desde una perspectiva que no se limita a las necesidades inmediatas de una empresa. Me impresionó encontrar a un hombre que, sin perder de vista sus responsabilidades empresariales, parecía comprender también la dimensión humana y regional de los proyectos que está impulsando y me emocionó particularmente descubrir que estaba frente a alguien que había decidido mirar hacia nuestro estado y encontrar oportunidades donde durante demasiado tiempo nosotros mismos hemos encontrado dificultades.

Después de más de 45 años ejerciendo el periodismo, he tenido la oportunidad de conversar con numerosos personajes de la vida pública, política, económica y empresarial de México. Algunos me han dejado enseñanzas. Otros me han permitido comprender mejor la complejidad de nuestro país. Y unos cuantos me han transmitido esa sensación de estar frente a personas capaces de imaginar proyectos que trascienden su propio tiempo. Aquella conversación con Víctor Velázquez me dejó esa impresión. No pretendo decir que lo conozco profundamente. Tampoco que una plática sea suficiente para comprender enteramente a un ser humano. Pero sí puedo decir que tuve la oportunidad de abrevar de sus conocimientos, de conocer una parte de su pensamiento y de descubrir una visión empresarial que me dejó profundamente motivado. Porque Campeche necesita precisamente esa clase de visión de largo plazo.

Necesita que sus oportunidades sean identificadas, estudiadas y convertidas en proyectos. Necesita empresas capaces de mirar más allá de las circunstancias inmediatas y construir una relación duradera con nuestro territorio. Necesita que quienes disponen de experiencia, talento y capacidad de inversión encuentren razones para creer en nuestra tierra. Y Cruz Azul ha comenzado a hacerlo.

Con una inversión de 300 millones de dólares.

Con una nueva planta cementera que puede abrir oportunidades industriales.

Con una estrategia empresarial que ha incorporado a Campeche dentro de los proyectos de crecimiento de la Cooperativa.

Con la posibilidad de ampliar su participación hacia el Polo de Desarrollo Económico para el Bienestar de Seybaplaya, si los procedimientos correspondientes permiten concretar esa perspectiva Y con una presencia humana y comunitaria que doña Julie Reynoso y las mujeres de “CruzHada” ya han comenzado a desarrollar entre las familias campechanas.

La historia dirá hasta dónde podrá llegar esta relación. El tiempo permitirá medir sus resultados, conocer si las oportunidades se convierten efectivamente en empleos y comprobar si los proyectos consiguen materializarse conforme a las expectativas anunciadas. Pero hoy tenemos frente a nosotros una inversión concreta y la posibilidad de construir algo mucho más grande alrededor de ella y eso merece toda nuestra atención.

Porque Campeche no necesita que vengan a salvarlo.

Necesita que crean en él.

Que inviertan en él.

Que conozcan su realidad.

Que comprendan sus posibilidades.

Y que construyan junto con nosotros.

Víctor Velázquez está creyendo en Campeche y no solamente lo está diciendo, lo está demostrando mediante una decisión empresarial de enorme magnitud.

Ojalá que dentro de algunos años, cuando recordemos la llegada de Cruz Azul a Seybaplaya, no tengamos que hablar solamente de una fábrica de cemento de 300 millones de dólares.

Ojalá podamos hablar de una región industrial que comenzó a transformarse, de un puerto que multiplicó sus oportunidades, de nuevas empresas que encontraron aquí un lugar para crecer, de miles de campechanos que construyeron un mejor futuro y de una relación empresarial y humana que trascendió las expectativas originales.

Ojalá podamos hablar también de una organización que supo combinar su crecimiento industrial con una auténtica relación de solidaridad con las comunidades, y recordar que, junto a la visión empresarial de Víctor Velázquez, estuvo presente la sensibilidad humana de doña July Reynoso y el trabajo de las mujeres de CruzHada y ojalá que podamos recordar que todo comenzó con la visión de un hombre que decidió mirar hacia Campeche y descubrir en nuestra tierra aquello que muchos, teniendo las oportunidades frente a sus propias narices, todavía no han sido capaces de ver.

Porque los grandes proyectos no comienzan cuando se coloca la primera piedra.

Comienzan mucho antes, cuando alguien tiene el talento, la visión y el valor de imaginar lo que todavía no existe y decidirse a construirlo y eso es precisamente lo que me impresionó de Víctor Velázquez: su capacidad para mirar el futuro y decidirse a construirlo. Campeche necesita hombres y mujeres que crean en su futuro. Víctor Velázquez y Cruz Azul ya comenzaron a escribir una parte de esa historia.

#CRUZAZUL