TOMÁS AZNAR BARBACHANO: EL HOMBRE SIN EL CUAL NO SE ENTIENDE CAMPECHE

TOMÁS AZNAR BARBACHANO: EL HOMBRE SIN EL CUAL NO SE ENTIENDE CAMPECHE

Hoy, 29 de septiembre, se cumplen 130 años de la muerte de Tomás Aznar Barbachano, uno de los personajes indispensables para entender cómo nació Campeche como Estado y, paradójicamente, también para comenzar a entender uno de los grandes males que desde entonces nos ha perseguido: la facilidad con la que los campechanos podemos unirnos para alcanzar una causa y después dividirnos cuando llega el momento de administrar el triunfo.

Tomás Aznar Barbachano formó parte, junto con Pablo García y Montilla, Pedro Baranda, Juan Carbó y otros jóvenes liberales, de aquella generación que en 1857 decidió enfrentarse al poder político de Yucatán y construir para Campeche un destino propio. Las fuentes históricas colocan a García y Aznar a la cabeza del grupo político campechano y registran también la participación de Pedro Baranda, Juan Carbó y otros personajes en el movimiento que culminaría con la creación del nuevo Estado. (Fundación Pablo García)

Pero ahí mismo, prácticamente desde el nacimiento político de Campeche, comenzaron también nuestras divisiones.

La que años después María Lavalle Urbina definiría magistralmente como “la lata de cangrejos” parece tener antecedentes desde aquellos primeros años. Los mismos hombres capaces de ponerse de acuerdo para enfrentarse al poder yucateco comenzaron muy pronto a disputar entre ellos espacios, autoridad y proyectos políticos. La investigación histórica documenta que desde 1859 ya eran evidentes las diferencias internas por el control político y militar del nuevo Estado, particularmente entre Pablo García y Pedro Baranda. (SciELO México)

Ese es un capítulo de nuestra historia que pocas veces queremos mirar de frente.

Los fundadores de Campeche fueron extraordinarios en su capacidad para construir un Estado, pero no estuvieron vacunados contra las pasiones, las rivalidades ni las luchas por el poder. García, Aznar, los Baranda, Carbó y aquella generación que había caminado junta terminarían posteriormente agrupándose, separándose y enfrentándose políticamente. Décadas después, incluso las corrientes políticas campechanas seguían identificándose alrededor de aquellas viejas familias y aquellos viejos liderazgos. (El Universal)

Por eso resulta tan importante recordar hoy a Tomás Aznar Barbachano.

Aznar no fue únicamente uno de los hombres que acompañaron la emancipación campechana. Fue también el encargado de convertir aquella aspiración política en argumentos jurídicos capaces de sostenerse frente a la Federación.

Como diputado por Campeche ante el Congreso de la Unión, junto con Juan Carbó Álvarez, defendió la creación constitucional del nuevo Estado. En 1861 presentó la célebre “Memoria sobre la conveniencia, utilidad y necesidad de erigir constitucionalmente en Estado de la Confederación Mexicana al antiguo Distrito de Campeche”, documento fundamental dentro del proceso que terminaría con el reconocimiento definitivo de Campeche como entidad federativa. (Fundación Pablo García)

Mientras unos peleaban la batalla política y militar en Campeche, Aznar y Carbó ayudaban a librar otra igual de importante: la batalla jurídica en la Ciudad de México.

Sin esa batalla, la separación podía haber quedado solamente como un hecho consumado regionalmente. Campeche necesitaba ser reconocido constitucionalmente por la Federación y para ello necesitaba argumentos, representación política y capacidad jurídica. Ahí estuvo Aznar.

También entendió algo fundamental: un Estado recién creado necesitaba formar a su propia clase intelectual y profesional. Por eso su nombre está igualmente ligado al nacimiento del Instituto Campechano, del cual fue su primer rector. Crear Campeche no significaba solamente dibujar nuevas fronteras, instalar un gobierno o nombrar funcionarios; significaba también construir instituciones capaces de educar a las siguientes generaciones.

Aznar fue abogado, legislador, educador, escritor, periodista y político. Llegaría además a ocupar provisionalmente el gobierno de Campeche en 1870, justamente en medio de otra de aquellas grandes fracturas políticas que marcaron los primeros años de nuestra vida estatal. El Congreso de la Unión declaró responsable a Pablo García de diversas infracciones constitucionales y el poder pasó al vicegobernador Tomás Aznar Barbachano. (Periódico Oficial de Campeche)

La ironía histórica es enorme.

Los hombres que habían luchado juntos para crear Campeche terminaron participando en las pugnas que dividieron políticamente al joven Estado.

Pablo García terminaría dejando el gobierno en 1870; Aznar asumiría temporalmente el Ejecutivo; después vendría el predominio político de los Baranda. Aquella generación que había conseguido una hazaña extraordinaria comenzó a fragmentarse casi inmediatamente después de alcanzarla. (Biblioteca Digital 2024)

Y quizá ahí comenzó una historia que los campechanos hemos repetido demasiadas veces.

Nos unimos frente a la adversidad. Construimos proyectos. Alcanzamos objetivos. Pero cuando llega el éxito aparecen las diferencias, las ambiciones, los grupos, los agravios y las luchas internas.

La lata de cangrejos.

Cada vez que uno intenta subir, otro parece empeñado en regresarlo al fondo.

No se trata de disminuir la grandeza de nuestros fundadores. Al contrario. Se trata de verlos como fueron: hombres extraordinarios, capaces de crear un Estado, pero también hombres de carne y hueso sometidos a las mismas pasiones políticas que después acompañarían buena parte de nuestra historia.

Tomás Aznar Barbachano murió en Campeche el 29 de septiembre de 1896. Había nacido en Mérida en 1825, pero su vida pública quedó ligada definitivamente a Campeche y a la construcción de sus instituciones. (Coespo)

Hoy, 130 años después de su muerte, recordarlo no debería ser únicamente repetir su biografía.

Debería servir para regresar a 1857 y preguntarnos qué ocurrió con aquella generación capaz de conseguir algo tan enorme como crear un Estado y que, casi inmediatamente después, comenzó a dividirse.

Porque quizás para entender muchos de los problemas de Campeche no tengamos que comenzar buscando respuestas en el presente.

Quizás tengamos que regresar al principio.

A 1857.

Al nacimiento del Estado.

Y también al nacimiento de nuestra propia lata de cangrejos.