
Por Tomás Zapata BOSCH
Toda mi vida me he dedicado al periodismo. Hace muchos años inicié en Novedades de Campeche, de la mano del legendario periodista don Ricardo Hernández Cárdenas y de Carlos Miguel Acosta de la Cruz, y desde entonces he tenido la oportunidad de colaborar en buena parte de los medios escritos campechanos. El periodismo ha sido mi oficio, mi escuela y mi manera de entender a Campeche.
No recuerdo con exactitud la fecha de mi llegada a Telesur, pero debió ser aproximadamente a mitad del sexenio de Jorge Carlos Hurtado Valdez, en tiempos de la elección intermedia. Fue entonces cuando recibí la invitación de Mauricio Castillo Illescas, representante legal y propietario de Telesur, un empresario icónico de Campeche, innovador, talentoso y con una visión distinta de lo que podía ser la comunicación local. Junto con su hermano Alejandro, habían escuchado opiniones, observado a distintos periodistas y realizado algo parecido a un casting para seleccionar a quienes participaríamos en un programa que terminaría haciendo época: Fuego Cruzado.
Fuego Cruzado tuvo varias etapas y distintas ediciones a lo largo de los años. En ellas tuve el privilegio de alternar con diversos periodistas campechanos, algunos de enorme experiencia y otros que con el tiempo también construirían su propio espacio en los medios. Cuando llegué a Telesur encontré un ambiente agradable, una empresa que todavía tenía sus instalaciones frente al Monumento a los Héroes, en la casa donde había vivido el legendario arqueólogo campechano don Román Piña Chan. Ahí estaba nuestro centro de operaciones, aunque los programas se grababan en el inmueble donde había funcionado la discoteca Milenium, también propiedad de los empresarios Castillo.
Al concluir aquella edición de Fuego Cruzado, Mauricio me hizo una nueva invitación. Así nació Nada Personal, un programa de entrevistas que para su tiempo resultó profundamente innovador, porque se hacían preguntas que simplemente no se acostumbraban en Campeche. Rompimos esquemas. Mi primera entrevista fue con el contador Jorge Luis Lavalle Azar y recuerdo perfectamente la primera pregunta: “¿Quién pompó?”, en referencia a su magnífica casa en el Malecón de Campeche. A partir de ahí, el resto es historia.
Nada Personal y Con todo respeto no fueron nombres surgidos de una agencia ni producto de una estrategia mercadológica. Eran dos expresiones que yo utilizaba constantemente en Fuego Cruzado y también en mis columnas periodísticas. Mauricio Castillo reparó en ellas, le gustaron y terminaron convirtiéndose en los nombres de dos programas. Nada Personal quedó como el espacio de entrevistas y Con todo respeto fue otro proyecto que inicialmente compartí con Rosaura Mejangos y Francisco López Vargas, dos destacados periodistas campechanos. También estuvieron Vladimir, Gerardo Mixcoatl y Roberto Oropeza.
Recuerdo con enorme afecto aquella primera etapa en Telesur. Ahí recibí cariño, respaldo y aprecio. Después vinieron otros caminos y durante algunos años estuve fuera, pero la vida me permitió regresar. Y en esos dos momentos de mi historia personal tengo que reconocer algo: Mauricio Castillo creyó en mí.
Y lo digo porque en aquella primera ocasión, cuando Mauricio tomó la decisión de incluirme en Fuego Cruzado, hubo gente que incluso le recomendó que buscara por otro lado, que eligiera a otra persona. Él escuchó, valoró y finalmente decidió mantener su apuesta. Apostó por mí.
En esta segunda etapa ocurrió algo parecido. Cuando regresé como el hijo pródigo a Telesur —aunque Mauricio todavía no me mata la vaca gorda que dice la Biblia— hubo gente muy cercana a él, y también no tan cercana, que tampoco creía en mí. Para ser absolutamente sincero, hubo momentos en los que ni yo mismo creía demasiado en mí. Mauricio sí creyó.
De mí podrán decir lo que sea, pero si algo soy es un hombre agradecido con quienes me han tendido la mano a lo largo de mi vida. Por eso puedo decirlo sin ninguna duda: Telesur es mi casa. Salga yo mil veces y regrese otras mil, siempre será mi casa.
En todos estos años también he visto pasar generaciones completas por Telesur. Vi salir de esta casa a figuras que fueron fundamentales en su construcción, verdaderos íconos como Luis Ferrer, uno de los pioneros, uno de quienes junto con Mauricio empujaron aquellos primeros esfuerzos para que la empresa se consolidara y siguiera adelante.
Pero también tuve la fortuna de ver llegar a gente extraordinariamente valiosa. Uno de los casos más claros es el de Ricardo Calderón. Curiosamente, Ricardo llegó originalmente para participar en Fuego Cruzado. Lo que quizá nadie imaginaba entonces es que terminaría convirtiéndose en una de las piezas fundamentales de Telesur y, desde mi punto de vista, en uno de los directores operativos más talentosos y eficaces que pueda tener un medio de comunicación en México. Su capacidad para resolver, coordinar, producir y mantener funcionando una maquinaria tan compleja como la de un medio de comunicación merece reconocimiento.
Ese relevo de generaciones también explica buena parte de la permanencia de Telesur. Algunos se fueron, otros llegamos, unos regresamos y otros tomaron caminos diferentes. Pero la empresa siguió evolucionando y adaptándose. Pero Telesur nunca ha olvidado a su gente.
Telesur cambió la manera de hacer comunicación en Campeche. Rompió esquemas en información, política, cultura y entretenimiento. Se atrevió a hacer cosas que antes no se hacían, a experimentar con formatos distintos y a construir una televisión mucho más cercana a la gente. Con los años evolucionó también hacia las plataformas digitales y posteriormente hacia la radio, hasta convertirse en una empresa multimedia con presencia más allá de Campeche.
A lo largo de mi paso por esta empresa he trabajado también con productores y profesionales de enorme capacidad. Ahí están nombres como Vladimir de la Torre, Rosaura Mejangos, Luis Ferrer, Pedro Alvarado y muchos otros que han puesto talento, horas de trabajo y creatividad para que Telesur llegue hasta donde hoy se encuentra.
En todos estos años muchos hemos salido. Algunos hemos regresado. Otros tomaron caminos diferentes. Pero quienes pasamos por ahí sabemos que hay lugares que dejan de ser solamente un centro de trabajo para convertirse en parte de nuestra propia historia.
Mi paso por Telesur también me permitió vivir experiencias que jamás imaginé cuando comenzaba en el periodismo. He tenido la oportunidad de entrevistar a presidentes y expresidentes de la República, presidentes de otros países, embajadores y prácticamente a todos los actores políticos de Campeche, de todos los partidos habidos y por haber.
Y en todo momento, absolutamente en todo momento, he recibido el respaldo de Mauricio Castillo. Ha facilitado mi trabajo, ha respetado mi manera de ejercer el periodismo y me ha permitido trabajar con libertad. Eso también debe decirse y agradecerse.
Esta segunda etapa de mi vida en Telesur tiene, además, un sabor muy especial. Disfruto enormemente Telesur AM, el programa que comparto todos los días con Joaquín Repetto, un personaje en toda la extensión de la palabra, un campechano sumamente culto y alguien de quien todos los días recibo nuevas enseñanzas. Lo he dicho siempre y lo sigo sosteniendo: yo no soy maestro de nada; todos los días soy aprendiz de todo.
Esta nueva etapa también me ha permitido conocer a gente muy valiosa. Ahí está José Pineda, talentoso y uno de los artífices, junto con muchas otras personas, del éxito que Telesur ha alcanzado en Yucatán. Porque la expansión no ocurre sola: detrás de cada frecuencia, de cada programa y de cada crecimiento hay personas capaces de convertir una idea en realidad.
Y por supuesto está Mauricio Castillo Jr., de quien ya he hablado antes y a quien veo como un diamante que se está puliendo en estos momentos. Es, para decirlo con afecto y también con cierta provocación, una versión aumentada, aunque todavía no corregida, de su padre. Me ha dado mucho gusto conocerlo y tratarlo, porque estoy convencido de que está predestinado a convertirse en un brillante y exitoso empresario campechano. Tiene juventud, visión, empuje y, sobre todo, una historia empresarial detrás que seguramente sabrá llevar mucho más lejos.
Telesur AM tampoco sería posible sin quienes todos los días están detrás de los micrófonos y de las cámaras haciendo que todo funcione. En la producción están Javier, Lalo e Israel, quienes hacen posible el programa que Joaquín y yo llevamos al aire cada mañana. Y están también Wendy y doña Patty, que nos acompañan en las labores de recepción y limpieza, tareas que a veces pasan inadvertidas pero que son esenciales en cualquier centro de trabajo.
Aunque, para mí, Telesur nunca ha sido solamente un centro de trabajo.
Ha sido casa, escuela, refugio, punto de encuentro y parte de mi propia historia.
Telesur llega hoy a 25 años. Veinticinco años en los que ha visto cambiar la televisión, el periodismo, la tecnología, las redes sociales, la forma de consumir información y hasta la manera de entender el entretenimiento. Pero ha permanecido.
Mi reconocimiento y mi felicitación son para todos los que hacen y han hecho posible esta historia. Desde quienes limpian la casa —y no lo digo metafóricamente, sino literalmente— hasta quienes todos los días ponen su talento frente a una cámara o detrás de un micrófono para informar, entretener y acompañar a los campechanos.
Tengo mil anécdotas de Telesur. Algún día habrá tiempo para contarlas con calma. Algunas harán reír. Otras seguramente provocarán nostalgia. Todas forman parte de mi vida.
Gracias, Telesur.
Gracias por el cobijo, por la confianza y por tantos años compartidos.
Felices 25 años.
Telesur es, y siempre será, mi casa.