
El próximo 1 de febrero, Campeche marcará un parteaguas en su historia moderna: entra formalmente en funciones el nuevo sistema de transporte público, el ya conocido y debatido “KO,OX”, un modelo que no solo transforma la movilidad urbana, sino que rompe paradigmas a nivel nacional e incluso internacional.
Nunca antes, en ningún lugar del mundo, un sistema de transporte público había tenido la sensibilidad social de otorgar tres meses completos de operación gratuita, como un periodo de adaptación, aprendizaje y costumbre para la ciudadanía. No es improvisación: es pedagogía pública. Es entender que los cambios profundos requieren tiempo, acompañamiento y paciencia.
Durante décadas —más de 30 años— Campeche estuvo atrapado en un esquema obsoleto heredado desde aquella famosa cooperativa Esperanza cuyo presidente casi vitalicio, mi apreciadisimo Ruben Mut Noverola, marco una etapa importante de la movilidad en esta ciudad; Luego mi tambien amigo Asterio Bautista y los desordenes politicos la llevaron a convertirse en un negocio politico y de politicos. Don Antonio Gonzalez Curi les compro y les regalo camiones nuevos que nunca pagaron. El tiempo cobro factura: camiones viejos, destartalados, inseguros y profundamente indignos para una capital que merece servicios a la altura de su gente. Ese sistema no solo envejeció: se convirtió en una vergüenza normalizada, tolerada a fuerza de costumbre.
Hoy, por primera vez, eso cambia.
El “KO OX” no nació perfecto; se ha ido perfeccionando sobre la marcha, escuchando, ajustando, corrigiendo. Eso es justamente lo que distingue a los proyectos serios de las ocurrencias: la capacidad de mejorar. Pero como todo cambio estructural, genera incomodidad, temor y resistencia, especialmente entre quienes estaban cómodos con el desorden.
Lamentablemente, parte de esa inconformidad legítima ha sido potencializada y manipulada políticamente. Los anaranjados que gobiernan el municipio, en lugar de sumarse y colaborar, le apuestan a la revancha y al desorden porque no fueron ellos los que lo hicieron. Resulta paradójico —por no decir cínico— que hoy levanten la voz quienes tuvieron durante años la oportunidad de transformar el transporte público y jamás lo hicieron. Peor aún: muchos de ellos usaron el sistema como botín, como herramienta clientelar, como negocio político, en perjuicio directo de los usuarios.
Los que hoy se desgarran las vestiduras en redes sociales y fingen indignación, son los mismos que con familiares y amigos convirtieron el transporte público en un feudo, no en un servicio. A ellos no les duele el usuario; les duele haber perdido el control.
Y sí, duele verlo: actores políticos conocidos, incluso amigos, empujados a alzar la voz en una causa que no les corresponde, cuando lo responsable sería reconocer el avance y ayudar a su estabilizacion. Esa actitud no es nueva. Ya fue descrita con precisión quirúrgica hace más de un siglo por Gustavo Martínez Alomía, quien advertía sobre el ruido político, la lata de cangrejos, esa tendencia destructiva de impedir que alguien avance si no es dentro del viejo lodazal.
Hoy, esa metáfora sigue vigente.
Pese a todo, Campeche está a punto de tener el mejor sistema de transporte público de toda su historia. No por propaganda, sino por hechos: unidades nuevas, dignidad para el usuario, planeación, tecnología y una visión que entiende que la movilidad también es justicia social. Así como durante años nos acostumbramos a lo malo, ahora nos toca acostumbrarnos a lo bueno. Y eso, paradójicamente, suele ser lo más difícil. ¿Hay que corregir algunos detalles todavia? Si, seguramente, por eso todo sistema es perfectible,
Por Tomas Zapata Bosch