ME CANSO GANSO: UNA PRESIDENTA TODOTERRENO

EDITORIAL | TOMÁS ZAPATA

Claudia Sheinbaum estuvo este domingo en Ciudad del Carmen, Campeche, y dejó mucho más que la inauguración de una obra hospitalaria. Dejó una expresión política que merece analizarse por el momento en que fue pronunciada, por las circunstancias que la rodearon y, fundamentalmente, por lo que representa para un país que atraviesa una de las etapas más complejas de transformación de su sistema público de salud. La presidenta recuperó una frase que hizo célebre Andrés Manuel López Obrador: “Me canso ganso”. Pero no la utilizó como simple recurso de nostalgia política ni como una ocurrencia destinada al aplauso. La retomó en un momento particularmente delicado, cuando el reclamo ciudadano por las deficiencias en la atención médica se ha convertido en uno de los mayores desafíos de su administración. Y la utilizó para comprometerse a modernizar todo el sistema nacional de salud.

Hay que reconocerle a Claudia Sheinbaum algo que resulta fundamental para entender su manera de ejercer el poder: es una presidenta de territorio, una presidenta todoterreno. No es una mandataria que se limite a recibir informes cuidadosamente elaborados por sus colaboradores, ni una gobernante que espere sentada detrás del escritorio de Palacio Nacional a que los problemas lleguen convertidos en expedientes. Sale, camina, recorre hospitales, supervisa obras, escucha a los trabajadores, enfrenta los reclamos ciudadanos y se expone personalmente a las inconformidades. Y eso, en el ejercicio del poder presidencial mexicano, tiene un significado político que no debería minimizarse.

Durante décadas, particularmente en los tiempos del presidencialismo autoritario, la relación entre el ciudadano inconforme y el presidente de la República estaba condicionada por enormes barreras de seguridad. El Estado Mayor Presidencial representaba un dispositivo de protección que, en no pocas ocasiones, también se convirtió en una barrera para mantener alejados a manifestantes, opositores y ciudadanos que pretendían hacer llegar directamente sus reclamos al jefe del Ejecutivo. Hubo episodios de contención, intimidación y excesos que forman parte de la historia de nuestro país. El poder presidencial se ejercía frecuentemente desde una distancia casi infranqueable. Hoy observamos una relación distinta entre la Presidencia y la calle, aunque ello no signifique que hayan desaparecido todos los excesos de autoridad ni que las instituciones estén exentas de cuestionamientos.

En Ciudad del Carmen pudimos observar precisamente esa diferencia. La presidenta llegó para entregar la rehabilitación del Hospital General del IMSS-Bienestar “Dra. María del Socorro Quiroga Aguilar” y se encontró con ciudadanos que reclamaban falta de medicamentos, retrasos en las citas y deficiencias en los servicios médicos. También hubo trabajadores inconformes que expresaron demandas laborales. Sheinbaum no pudo ignorar esas voces. Dialogó con algunas personas desde su vehículo y posteriormente reconoció públicamente que existen problemas que deben resolverse. No llegó a un escenario donde solamente existieran aplausos. Llegó a una realidad social que combina avances institucionales con carencias dolorosamente vigentes.

Y aquí aparece un elemento central de esta visita: el reconocimiento presidencial de que la transformación del sistema de salud todavía está lejos de concluir. La propia Sheinbaum admitió que en sus recorridos ha encontrado quejas por medicamentos que no llegan, médicos insuficientes, equipamiento que falta y una burocracia verdaderamente absurda. Cuestionó cómo es posible que, mientras el mundo avanza vertiginosamente en inteligencia artificial, plataformas digitales y sistemas automatizados de distribución, todavía existan hospitales donde conseguir insumos elementales implique elaborar oficios y recorrer interminables procedimientos administrativos. Fue en ese contexto cuando recuperó la expresión de López Obrador y aseguró: “Me canso ganso que vamos a modernizar todo el sistema de salud”.

La frase tiene una carga simbólica indiscutible. López Obrador la convirtió en una expresión de voluntad política, de desafío frente a quienes consideraban imposibles sus proyectos. Sheinbaum la retoma ahora para enfrentar uno de los pendientes más importantes de la Cuarta Transformación. Pero existe también una diferencia interesante: la presidenta, formada en la ciencia, la ingeniería y la administración pública, coloca la tecnología, la logística y la digitalización en el centro de su propuesta. Anunció la integración de especialistas mexicanos, particularmente jóvenes egresados de instituciones públicas, para modernizar los sistemas de almacenamiento, distribución y suministro de medicamentos. Incluso adelantó que presentará próximamente una estrategia específica. La intención es importante, aunque el verdadero desafío será traducirla en resultados medibles y permanentes.

La visita a Ciudad del Carmen, además, tuvo resultados concretos que sería injusto ignorar. El Hospital General pasó de 62 a 94 camas, un incremento de 32 espacios que representa aproximadamente el 51.6 por ciento de su capacidad anterior. Se amplió la atención en pediatría, urgencias y terapia intensiva; se incorporó una nueva área de urgencias pediátricas y se modernizó el equipamiento mediante la instalación de un tomógrafo digital de 128 cortes. También se anunciaron servicios de especialidades como cardiología, nefrología, neurología y neuropediatría. Estamos hablando de mejoras importantes para una población que durante muchos años ha padecido enormes deficiencias en infraestructura hospitalaria y que, por su ubicación geográfica, enfrenta dificultades adicionales cuando necesita atención médica de alta especialidad.

Sin embargo, la existencia de edificios renovados y equipos modernos no garantiza por sí misma un sistema eficiente. Un hospital no funciona solamente porque tenga más camas o un tomógrafo sofisticado. Necesita médicos especialistas suficientes, personal de enfermería, medicamentos, materiales de curación, mantenimiento, presupuesto operativo y una administración capaz de responder oportunamente. Una cama adicional representa una verdadera conquista social cuando puede utilizarse para atender dignamente a un paciente. Un equipo de diagnóstico representa una inversión justificada cuando funciona regularmente y está disponible para quienes lo necesitan. Ésa debe ser la siguiente etapa de la transformación sanitaria: pasar de la ampliación de infraestructura a la garantía cotidiana de servicios.

Tampoco podemos ignorar la dimensión política del momento. México vive una etapa de inconformidad en el sector salud y sería profundamente irresponsable descalificar automáticamente a quienes protestan. La gran mayoría de los reclamos ciudadanos nace de necesidades auténticas, de experiencias dolorosas, de familias que buscan medicamentos, de pacientes que esperan consultas y de trabajadores que demandan mejores condiciones laborales. Son expresiones legítimas que cualquier gobierno democrático está obligado a escuchar y atender. Eso no impide reconocer que, alrededor de los conflictos sociales, existen actores políticos interesados en aprovechar el descontento, amplificarlo y convertirlo en una herramienta de confrontación. Sería ingenuo suponer que los partidos y grupos de oposición permanecen ajenos a una coyuntura de esta naturaleza. Pero también sería injusto atribuirles, sin pruebas, la organización de protestas que tienen causas perfectamente reales. La inconformidad social no pierde legitimidad porque alguien pretenda obtener beneficios políticos de ella.

De hecho, uno de los mayores aciertos de Sheinbaum consiste precisamente en no confundir automáticamente la protesta con la enemistad. Cuando un ciudadano reclama porque no encuentra medicamentos para su esposa, porque su hijo necesita una intervención quirúrgica o porque lleva meses esperando una consulta, no está necesariamente manifestándose contra un partido político. Está exigiendo que el Estado cumpla con una de sus obligaciones fundamentales. Y cuando la presidenta escucha personalmente esos reclamos, reconoce implícitamente que los problemas no pueden resolverse solamente mediante estadísticas optimistas o informes de escritorio.

Hay otro aspecto que merece una reflexión profunda. La Cuarta Transformación lleva ocho años ejerciendo el poder federal entre las administraciones de López Obrador y Claudia Sheinbaum. En consecuencia, aunque resulta legítimo estudiar las deficiencias heredadas de administraciones anteriores, también es indispensable evaluar los resultados propios. Una transformación política adquiere verdadera madurez cuando es capaz de reconocer sus insuficiencias y corregirlas sin necesidad de buscar permanentemente responsables en el pasado. En este sentido, la decisión presidencial de reconocer públicamente los obstáculos burocráticos y anunciar una revisión de los mecanismos de suministro constituye una señal importante. No porque el reconocimiento resuelva el problema, sino porque permite identificarlo desde la máxima autoridad del país.

Ciudad del Carmen tiene, además, un significado que rebasa la cuestión hospitalaria. Estamos hablando de una región que durante décadas ha contribuido de manera extraordinaria a la riqueza petrolera de México. Una ciudad que ha visto salir de sus aguas una parte fundamental de los recursos que sostuvieron las finanzas públicas nacionales y que, paradójicamente, ha padecido carencias en servicios esenciales, infraestructura urbana y atención médica. La deuda histórica de la Federación con Carmen no puede medirse exclusivamente en nuevas inversiones hospitalarias. Es una deuda mucho más amplia, relacionada con la diversificación económica, el desarrollo urbano, la seguridad social y las oportunidades de futuro para una comunidad que le ha entregado muchísimo al país.

Por eso considero que la gira presidencial de este domingo tiene una importancia que va más allá del protocolo político. Sheinbaum no llegó únicamente a cortar un listón. Llegó en medio de una discusión nacional sobre el presente y el futuro de la salud pública, cuando los reclamos ciudadanos coinciden con las demandas laborales de trabajadores del IMSS y con la necesidad de consolidar el funcionamiento del IMSS-Bienestar. La presencia de la presidenta en ese escenario representa una decisión política de asumir personalmente un problema que difícilmente podrá resolverse desde una sola dependencia.

Por supuesto, recorrer hospitales y escuchar a la población no es suficiente. La cercanía con los ciudadanos tiene un valor democrático extraordinario, pero debe ir acompañada de capacidad institucional para convertir los compromisos en hechos. La verdadera dimensión de una presidenta todoterreno no se mide solamente por los kilómetros recorridos, por los hospitales visitados o por la cantidad de personas que se acercan a plantearle sus problemas. Se mide también por las soluciones que comienzan a producirse después de cada encuentro.

Y aquí es donde la expresión “me canso ganso” adquiere su verdadero sentido. Sheinbaum tiene frente a sí la oportunidad de demostrar que aquella frase emblemática de López Obrador puede convertirse en un compromiso de segunda generación: no solamente construir y recuperar infraestructura, sino transformar radicalmente la operación cotidiana de los servicios públicos. Digitalizar no significa únicamente instalar computadoras. Significa eliminar trámites inútiles, garantizar inventarios confiables, conocer en tiempo real las necesidades de cada hospital y conseguir que los medicamentos lleguen antes de que los pacientes tengan que salir a las calles a reclamarlos.

Me parece que sería un error reducir esta visita presidencial a una confrontación entre quienes aplauden al gobierno y quienes aprovechan cualquier deficiencia para desacreditarlo. La realidad es mucho más compleja y exige una mirada más inteligente. Hay avances que merecen reconocimiento, errores que necesitan corrección, demandas sociales que deben atenderse y compromisos políticos que tendrán que evaluarse con rigor. Ni la adulación sistemática ayuda a gobernar ni la descalificación permanente contribuye a resolver los problemas nacionales.

Claudia Sheinbaum demuestra que entiende algo esencial del ejercicio contemporáneo del poder: gobernar también significa exponerse. Escuchar lo incómodo. Recibir el reclamo. Reconocer lo que falta. Dar la cara cuando las cosas no funcionan como deberían. Su presencia en Ciudad del Carmen confirmó esa disposición a ejercer una Presidencia de territorio, cercana y activa, aun cuando las circunstancias no sean políticamente cómodas.

Porque al final, el verdadero significado de aquel “me canso ganso” no estará en la contundencia de la frase ni en los aplausos que pueda despertar. Estará en el día en que una madre encuentre los medicamentos que necesita su hijo, un trabajador reciba atención oportuna y un paciente pueda ingresar a un hospital público con la certeza de que será atendido dignamente.

Ésa será la verdadera transformación del sistema de salud. Y ésa será también la medida histórica de la promesa que Claudia Sheinbaum hizo este domingo desde Ciudad del Carmen, Campeche.