LAURA SANSORES SAN ROMAN Y LA DIGNIFICACION DEL LEGADO HISTORICO DE SU MADRE DOÑA ELSITA

LAURA SANSORES SAN ROMAN Y LA DIGNIFICACION DEL LEGADO HISTORICO DE SU MADRE DOÑA ELSITA

Esta historia comenzo mucho mucho antes de que se levantaran las manos en el Congreso y mucho antes de que un decreto llegara al Periódico Oficial. La recién aprobada Ley para la Atención, Protección e Inclusión de las Personas con la Condición del Espectro Autista para el Estado de Campeche es un ejemplo de tesón, voluntad y mucho trabajo . Porque detrás de esta ley hay diputados que hicieron su trabajo, autoridades que asumieron su responsabilidad, especialistas, familias y organizaciones que aportaron sus experiencias, pero también existe una historia previa que vale la pena contar y, sobre todo, reconocer: la del trabajo perseverante de Laura Sansores San Román y del equipo del DIF Estatal de Campeche.

Y hay que decirlo porque la memoria pública suele ser muy corta. Cuando una iniciativa finalmente llega al Congreso, se discute y se aprueba, pareciera que todo comenzó ahí. En este caso no fue así. Desde años atrás, Laura Sansores San Roman había colocado el tema del autismo entre las prioridades del DIF Estatal. Existe incluso constancia de que durante la anterior LXIV Legislatura ya se había presentado un proyecto de Ley para la Atención de Personas con Trastorno del Espectro Autista y, paralelamente, se trabajaba en las gestiones para hacer realidad un Centro de Atención al Autismo en Campeche. Es decir, no estamos frente a una ocurrencia de último momento ni ante una bandera levantada por razones coyunturales. Estamos ante una causa que fue madurando durante años y fecundada desde lo mas profundo del corazon de una dama sencilla y sensible como lo fue su señora madre Doña Elsita San Roman de Sansores, de quien tuve el privilegio de ser de sus consentidos.

Pero quizá lo más importante es cómo fue la genesis de este avance historico para Campeche: Laura Sansores y el DIF entendieron algo elemental que muchas veces se olvida desde los escritorios: para legislar sobre las personas primero hay que escucharlas. Por eso el proyecto salió de las oficinas y recorrió el estado. Los foros de consulta llegaron a los 13 municipios de Campeche, donde madres, padres, familias, especialistas, maestros y personas vinculadas directamente con la condición del espectro autista pudieron hablar de aquello que viven todos los días. Hablaron de diagnósticos, terapias, educación, discriminación, costos, oportunidades y, fundamentalmente, de esa enorme batalla cotidiana que durante demasiado tiempo muchas familias tuvieron que enfrentar prácticamente solas.

Ese recorrido tiene un enorme significado. Porque una ley escrita únicamente por abogados puede ser jurídicamente impecable y, sin embargo, permanecer muy lejos de la realidad. Cuando una legislación comienza escuchando a quienes padecen las ausencias del Estado, adquiere otra dimensión. Y ahí está, a mi juicio, uno de los principales méritos del trabajo encabezado desde el DIF Estatal: convertir una demanda muchas veces silenciosa en una causa pública. Yo fui testigo presencial de todo este minucioso y cuidadoso proceso que escucho a todos los Campechanos.

El 12 de mayo de este año se dio otro paso fundamental. La gobernadora Layda Sansores San Román formalizó la iniciativa ante la LXV Legislatura. Su participación fue decisiva, porque finalmente correspondía al Ejecutivo convertir aquel trabajo previo en una propuesta formal y asumir también el compromiso presupuestal. Layda fue todavía más lejos y aseguró que, pese a las dificultades financieras del estado, el primer Centro de Atención al Autismo de Campeche se iba a construir. Lo dijo de manera categórica: “se hace porque se hace”. Ya existe terreno, anteproyecto arquitectónico y el compromiso del recurso estatal para materializarlo.

Después entró el Poder Legislativo y ahí también hay que reconocer el trabajo realizado. El Congreso organizó su propio procedimiento de consulta, escuchó nuevamente a personas con autismo, familiares, cuidadores, especialistas y organizaciones y finalmente construyó el dictamen que recibió el respaldo unánime del Pleno. Eso también es saludable: cuando una causa es justa, deja de importar quién pretende ponerse la medalla y comienza a importar el resultado.

El resultado llegó finalmente el pasado 10 de agosto, cuando quedó publicado el Decreto 280. Campeche tiene hoy su Ley para la Atención, Protección e Inclusión de las Personas con la Condición del Espectro Autista. Y no es solamente un conjunto de buenas intenciones. La legislación establece obligaciones para autoridades estatales y municipales, habla de atención integral, inclusión educativa y social, ajustes razonables, eliminación de barreras, habilitación terapéutica y reconoce incluso figuras como los maestros y maestras de intervención o “sombra”. También contempla una Comisión Interinstitucional y un Sistema de Información Estatal para que las políticas públicas dejen de construirse a partir de aproximaciones y puedan responder a una realidad que durante demasiado tiempo permaneció prácticamente invisible.

Por eso esta historia merece contarse completa. Reconocer el trabajo legislativo no significa borrar el trabajo anterior. Reconocer a la gobernadora Layda Sansores por asumir la iniciativa y comprometer los recursos tampoco significa olvidar dónde comenzó a construirse buena parte de esta causa. Y reconocer a Laura Sansores tampoco significa adjudicarle en solitario algo en lo que participaron cientos de personas. Significa simplemente hacer justicia con la cronología y con la perseverancia. Pero para ser justos hay que dejar en claro algo: Los inicios de todo este pensamiento humanista y de un profundo compromiso social, lo recubieron Layda y Laura de un gigantesco ser humano que hoy debe estar muy orgullosa de sus hijas y de su legado, mi apreciada, admirada y muy respetada Doña ELSITA SAN ROMAN DE SANSORES.

Porque si algo distingue el trabajo de Laura al frente del DIF Estatal es precisamente esa característica que pocas veces aparece en las estadísticas: la sensibilidad. El DIF atiende precisamente aquellos rincones de la sociedad donde las necesidades no siempre tienen reflectores, donde hay niños, adultos mayores, personas con discapacidad y familias que muchas veces necesitan más acompañamiento que discursos. Y en el caso del autismo, Laura Sansores encontró una causa y no la soltó.

Ahora viene quizá la parte más difícil. Una buena ley no transforma nada si solamente permanece publicada en el Periódico Oficial. Tendrá que convertirse en presupuesto, instituciones, diagnósticos oportunos, terapias accesibles, capacitación de maestros, inclusión educativa, oportunidades laborales, información confiable y acompañamiento permanente a las familias. Y tendrá que concretarse ese Centro de Atención al Autismo que puede convertirse en una de las obras sociales más importantes de esta administración y por supuesto de la historia de Campeche. Hay obras que se inauguran con concreto, acero y grandes placas. Hay otras que se construyen cambiando la vida de las personas. Esta ley pertenece a las segundas.

Por eso, cuando dentro de algunos años se recuerde cómo Campeche consiguió finalmente una legislación específica para proteger e incluir a las personas con la condición del espectro autista, habrá muchos nombres que deberán mencionarse: las familias que lucharon durante años, las personas con autismo que prestaron su voz, los especialistas, las organizaciones civiles, los diputados que finalmente la aprobaron, la gobernadora que hizo suya la iniciativa y comprometió los recursos. Pero entre esos nombres habrá uno que difícilmente podrá omitirse: Laura Sansores San Román. Porque antes de que el autismo se convirtiera en iniciativa, dictamen, votación y decreto, desde el DIF ya se había convertido en una causa Y en política, como en la vida, hay una enorme diferencia entre llegar cuando todo está hecho y estar ahí desde que comienza la batalla