
Hoy que inicia el 2026, Hablar del legado histórico de Layda Sansores San Román exige, antes que nada, entender el contexto político, social y económico en el que ha gobernado Campeche durante los últimos años. No se trata únicamente de evaluar obras visibles o resultados inmediatos, sino de analizar un proceso de transformación estructural que, como ha ocurrido otras veces en la historia, no se mide en aplausos del presente, sino en beneficios que solo se harán evidentes con el paso del tiempo.
Layda Sansores ha gobernado Campeche en un ambiente profundamente polarizado, muy distinto al de décadas anteriores, cuando un solo partido político concentraba y cooptaba prácticamente todo el poder del Estado. Hoy, las fuerzas políticas se reacomodaron, el control dejó de ser monolítico y el ejercicio del gobierno se desarrolla bajo una constante confrontación política y mediática. Este nuevo escenario no es menor: gobernar en la pluralidad y en la disputa permanente exige no solo capacidad administrativa, sino temple político. Ha habido muchas píedras en el camino sin duda alguna y tambien muy probablemente errores, pero la vision de estado para llevar a Campeche al tan ansiado despegue economico, es hoy una realidad que solamente nosotros, los propios habitantes de este maravilloso estado, podemos sabotear.
Paradójicamente, esta polarización no es nueva en la historia campechana. Ya en 1909, Gustavo Martínez Alomía, en su libro “Causas de la decadencia del Estado de Campeche”, advertía con crudeza un vicio que, más de un siglo después, sigue vigente: los campechanos tendemos a enfrentarnos entre nosotros por razones políticas en lugar de concentrarnos en producir, crecer y construir desarrollo. Cada seis años, en lugar de respaldar al gobierno en turno para exigir resultados, nos dedicamos a obstaculizarlo; y cuando el periodo termina, entramos nuevamente en campaña para imponer a otro, repitiendo un ciclo estéril que ha frenado el desarrollo del Estado durante más de 150 años.
En ese contexto adverso, el verdadero legado político de Layda Sansores no se encuentra en el ruido cotidiano, aun cuando hay muchas obras y servicios que habria que destacar y que estan a la plena vista de todos los mortales comunes y corrientes como el que este escribe y que se pueden ver en el transporte urbano, obras comunitarias, penetracion social y reduccion de la pobreza etc, sino en la construcción silenciosa de las condiciones estructurales para el despegue económico de Campeche. Por primera vez en la historia reciente, se están concatenando factores estratégicos que nunca antes habían coincidido al mismo tiempo y se esta haciendo y generalmente no lo vemos a simple vista.
La llegada del Tren Maya, particularmente en su modalidad de tren de carga, combinado con el “ramal FA” que conecta con el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, coloca a Campeche en una posición logística privilegiada. Esta infraestructura permite a las empresas instalarse en territorio campechano y acceder de manera eficiente a los mercados asiáticos a través de Salina Cruz, y a los mercados europeo y norteamericano por el puerto de Veracruz. En otras palabras: usando uno de los mas grandes inventos del siglo xx que es el contendedor, estamos a un paso de quitarle la preponderancia estrategia al canal de Panama a un costo infinitamente mas bajo que el que ahora tienen que pagar las empresas exportadoras e importadoras. Por eso los ataques sistematicos y constantes a estas dos infraestructuras ferrioviarias que lesionan intereses economicos sumamente importantes.
A ello se suma un factor clave: el gas natural y la instalación de nuevos gasoductos en Campeche, elemento indispensable para reducir costos energéticos, atraer plantas de ciclo combinado y ofrecer tarifas eléctricas competitivas. Se complementa con la infraestructura hidráulica que durante décadas fue una deuda histórica: Campeche siempre tuvo agua, pero no la infraestructura necesaria para aprovecharla. Hoy, proyectos como el acuaférico comienzan a cambiar esa realidad.
Las empresas que buscan instalarse no piden regalos: no buscan exenciones fiscales indiscriminadas ni terrenos gratuitos. Lo que requieren son condiciones estratégicas y logísticas: energía barata, agua suficiente, conectividad, seguridad jurídica y vías eficientes de exportación. Justamente eso es lo que hoy empieza a construirse en Campeche.
Este modelo no es nuevo ni improvisado. Hace más de 60 años, Víctor Cervera Pacheco lo entendió perfectamente en Yucatán, cuando impulsó la ampliación del muelle de Progreso —la llamada “Isla Cervera”— colocando la primera piedra en medio del mar para asegurar que la obra se terminara. Aquella visión estratégica, aunada a otras acciones autarquicas por parte de ese sigular gobernador yucateco, sentaron las bases del desarrollo de ese estado. Campeche, simplemente, llega tarde a una lección que otros aprendieron antes.
No es que en Campeche no haya habido gobernadores con buenas ideas o buenas intenciones. Los ha habido. Lo que no había ocurrido es que todas las piezas coincidieran al mismo tiempo: infraestructura ferroviaria, logística interoceánica, energía, agua y un proyecto nacional de desarrollo que volteara al sureste. Esa coincidencia es producto directo del proyecto impulsado por el expresidente Andrés Manuel López Obrador y que hoy continúa la presidenta Claudia Sheinbaum.
Ese es el verdadero legado histórico de Layda Sansores: haber sido la gobernadora que, en medio del conflicto, sentó las bases del futuro económico de Campeche. Un legado que no se ve hoy, que no se palpa de inmediato, pero que se manifestará cuando lleguen las inversiones, cuando se generen empleos bien pagados y cuando nuestros hijos y nietos tengan oportunidades que durante generaciones fueron negadas.
Tal vez entonces lo reconozcamos. Tal vez no. La historia suele ser ingrata con quienes construyen sin reflectores. Pero el tiempo, ese juez implacable, terminará por colocar el nombre de Layda Sansores en el capítulo donde Campeche, por fin, dejó de pelear consigo mismo y comenzó a despegar.