EL CRISTO DEL ATENTADO

EL CRISTO DEL ATENTADO: EL CRUCIFIJO QUE QUEDÓ COMO TESTIGO DE LA HISTORIA

El 14 de noviembre de 1921, una bomba escondida entre flores explotó frente a la imagen de la Virgen de Guadalupe en la antigua Basílica.

La explosión dañó el altar, candeleros y el piso de mármol, pero ocurrió algo que hasta hoy sorprende: el crucifijo de metal, de unos 34 kilos, quedó doblado por la fuerza del impacto, mientras la imagen de la Virgen y su protección de vidrio permanecieron intactas.

Para millones de fieles, aquel Cristo se convirtió en un símbolo de protección y fe.

Hoy, el llamado Santo Cristo del Atentado se conserva cerca de la entrada de la Nueva Basílica de Guadalupe, como memoria de aquel acontecimiento ocurrido hace más de un siglo.

Una pieza que no solo cuenta una historia: también conserva la memoria de uno de los episodios más impactantes de la historia guadalupana.