ENA SANDOVAL: UNA RECTORA A LA QUE LE FALTÓ TIEMPO

Por Tomás Zapata BOSCH

Un día como hoy, 19 de octubre, pero de 1957, nació en Campeche Enna Alicia Sandoval Castellanos, una mujer que habría de escribir una página importante en la historia de la educación superior de nuestro estado al convertirse en la primera mujer rectora de la Universidad Autónoma de Campeche, responsabilidad que desempeñó de 2003 a 2007. Ena, como la conocíamos quienes tuvimos el privilegio de tratarla, falleció el 6 de septiembre de 2022, pero dejó una huella que merece ser recordada, particularmente por quienes conocemos desde adentro la historia de nuestra máxima casa de estudios.

Conocí a Enna en circunstancias que recuerdo con especial afecto. En alguna ocasión me mandó a buscar porque quería pedirme consejo sobre la posibilidad de reactivar los Juegos Florales Universitarios, aquella extraordinaria contienda literaria que había nacido por iniciativa de Alejandro McGregor González cuando era presidente del Ateneo Cultural Universitario y yo ocupaba la Secretaría General de ese organismo, del cual posteriormente tuve el honor de ser presidente.

Ena conocía esa historia. Sabía de nuestro trabajo en favor de la cultura universitaria, de la fundación del Radio Club Universitario y del Cine Club Universitario, iniciativas que impulsamos junto con el doctor Manuel Ortega Lliteras, así como de muchas otras actividades que desarrollamos cuando me correspondió presidir el Ateneo Cultural Universitario. Aquella época fue particularmente fecunda porque entendíamos que la universidad no podía limitarse a impartir conocimientos dentro de las aulas. Tenía que convertirse en un espacio de pensamiento, discusión, creación artística, inquietud intelectual y participación de los jóvenes en la vida cultural de Campeche.

Lo que inicialmente fue una consulta terminó convirtiéndose en una relación de trabajo sumamente agradable. Ena comenzó a invitarme a distintas actividades universitarias y tuvimos oportunidad de conversar en numerosas ocasiones sobre la cultura, la educación, la investigación, la ciencia y la tecnología. Se lo agradecí entonces y se lo sigo agradeciendo ahora, porque la Universidad Autónoma de Campeche es mi alma mater. Allí cursé mis estudios de preparatoria y posteriormente egresé de la Facultad de Derecho. Mi relación con esa institución no es circunstancial ni reciente. Es una relación de vida. Fui presidente de un ACU protegido por el “ticher” Guillermo González Galera y no muy bien visto ni por la Federación estudiantil ni por algunos Rectores. En muchas de esas reuniones estuvo otra mujer sumamente brillante y talentosa, su hermana la química Selina. Selina era una de sus más brillantes amigas y asesoras además de ser su querida hermana y desde estas modestas líneas le envió un saludo cariñoso a Selina, con quien, lamentablemente no he tenido comunicación desde la rectoría de su hermana.

He tenido, además, el privilegio de conocer a la gran mayoría de los rectores de nuestra universidad, desde los tiempos de don Ermilo Sandoval, a quien tenía que ir a visitar al famoso “Palomar” del Instituto Campechano. Don Ermilo también era director de aquella institución y prácticamente despachaba allí, mientras que a la universidad acudía fundamentalmente para las sesiones del Consejo Universitario. Como yo presidía el Ateneo Cultural Universitario, tenía que buscarlo en el Instituto Campechano para tratar los asuntos relacionados con nuestras actividades. Son recuerdos de una universidad distinta, de una época en la que muchas cosas se construían con entusiasmo, imaginación y una enorme voluntad de hacer.

Por eso puedo hablar de Enna Sandoval con conocimiento de causa y no solamente a partir de referencias. Ena fue una innovadora. Una mujer que entendió que la universidad necesitaba transformarse sin renunciar a su historia. Tenía una característica que siempre admiré: respetaba profundamente a sus mayores, reconocía a quienes habían contribuido a formar la institución y procuraba rescatar y potencializar el legado de quienes habían entregado parte importante de su vida a la educación superior campechana. No era una mujer que pretendiera borrar el pasado para construir su propio prestigio. Por el contrario, sabía que ninguna institución puede aspirar seriamente al futuro si desconoce a quienes hicieron posible su presente.

Pero Enna tuvo que enfrentar una realidad que sería injusto ocultar. Su rectorado estuvo marcado por una intensa lucha política interna. Hubo quienes le jugaron sucio, quienes no aceptaban fácilmente que una mujer encabezara la institución y quienes confundían sus intereses personales o de grupo con los intereses superiores de la universidad. Las grillas de algunos directores, de sectores administrativos y de determinados grupos de la propia comunidad universitaria fueron una constante. Esos grupos que, por alguna extraña razón, llegan a convencerse de que la universidad les pertenece, que tienen derechos hereditarios sobre ella y que cualquier intento de transformación representa una amenaza para sus privilegios.

A Ena le tocó gobernar en esas circunstancias. Y lo hizo sin perder su calidad humana, su respeto por los demás ni su preocupación por las funciones sustantivas de la universidad. Porque Enna no fue solamente una rectora interesada en los asuntos administrativos. Fue una rectora integral. Le preocupaban la docencia, la cultura, la investigación, el desarrollo científico, la tecnología y la vinculación de la universidad con la sociedad. Comprendía que una institución de educación superior debe producir conocimiento, formar ciudadanos y participar activamente en el desarrollo de la comunidad a la que pertenece.

También hay que decir algo que pocas veces se menciona cuando se evalúan las administraciones universitarias: los recursos económicos. A Ena le correspondió trabajar con enormes limitaciones presupuestales. Tanto desde el gobierno federal como desde el gobierno estatal hubo restricciones y una falta de respaldo económico que contrastaría notablemente con la abundancia de recursos de la que disfrutarían posteriormente otros rectores. Y, sin embargo, con mucho menos dinero, consiguió realizar, en mi opinión, una de las mejores administraciones que ha tenido la Universidad Autónoma de Campeche. Porque administrar bien no consiste solamente en ejercer grandes presupuestos, sino en saber establecer prioridades, aprovechar los recursos disponibles y mantener un proyecto institucional aun en medio de las adversidades.

Desde luego, esa comparación entre administraciones, presupuestos, resultados y apoyos gubernamentales merece un análisis mucho más profundo. Hay muchas cosas que contar sobre la vida interna de nuestra universidad, sobre sus grupos de poder, sus intereses, sus aciertos y sus equivocaciones. Pero esa es otra historia que algún día les platicaré.

Siempre he pensado que a Enna Sandoval le faltó tiempo. Cuatro años fueron insuficientes para consolidar muchas de las transformaciones que había comenzado a impulsar. No porque le faltaran capacidad, ideas o voluntad, sino porque los procesos universitarios requieren continuidad y porque buena parte de sus energías tuvo que destinarlas a enfrentar obstáculos que nunca debieron existir. Estoy convencido de que, con más tiempo y mejores condiciones, su contribución a la universidad habría alcanzado dimensiones todavía mayores.

No pretendo convertir este recuerdo en una afirmación de que todo lo hizo bien. Ningún rector, ninguna administración y ninguna persona están exentos de errores. Pero una cosa es evaluar críticamente una gestión y otra muy distinta es desconocer sus méritos por razones políticas, intereses personales o prejuicios. A Enna hay que juzgarla en el contexto de su tiempo, de las condiciones que enfrentó y de los recursos con los que tuvo que trabajar.

En lo personal, conservo un recuerdo particularmente grato de aquella mujer que tuvo la delicadeza de mandarme a buscar para escuchar mi opinión sobre los Juegos Florales Universitarios. Ese gesto, aparentemente sencillo, decía mucho de su personalidad. Una rectora que no consideraba que su nombramiento la colocaba por encima de la historia de la institución, sino que estaba dispuesta a escuchar a quienes habíamos participado en su construcción cultural. Una mujer que entendía que la experiencia de las generaciones anteriores podía enriquecer los proyectos de las nuevas.

Hoy, cuando se cumplen 69 años de su nacimiento, considero justo recordar a Enna Alicia Sandoval Castellanos no solamente por haber sido la primera mujer rectora de la Universidad Autónoma de Campeche, que de suyo constituye un mérito histórico, sino por haber ejercido esa responsabilidad con dignidad, sensibilidad, inteligencia y una auténtica vocación universitaria.

Enna abrió una puerta que durante muchos años había permanecido cerrada para las mujeres. Pero su verdadero mérito no fue solamente haber llegado a la Rectoría, sino haber demostrado que tenía la capacidad, el carácter y la visión para ejercerla. A veces, en la vida universitaria, como en la política, se confunde la duración de un cargo con la trascendencia de una gestión. Hay quienes permanecen muchos años sin dejar demasiado y hay quienes, en un tiempo relativamente breve, consiguen marcar una diferencia. Enna, sin duda alguna, es de estos.0

Si algo sigo lamentando de su paso por nuestra universidad es precisamente eso: que le faltó tiempo. No le faltaron ideas, no le faltó talento y, mucho menos,le faltó amor por la institución. Le faltó tiempo a ella. Y quizá fue la universidad la que perdió más con ello.