CAMPECHE “ENCIENDE” SU FUTURO

POR TOMÁS ZAPATA BOSCH

Campeche comienza a reunir, quizá por primera vez en muchos años, varias de las piezas que necesita para dejar de hablar del desarrollo como una promesa y empezar a construir las condiciones materiales para hacerlo posible. La visita de Emilia Esther Calleja Alor, directora general de la Comisión Federal de Electricidad, y los anuncios realizados junto con la gobernadora Layda Sansores San Román tienen una lectura inmediata —menos apagones, mejores redes, nuevas líneas y mayor capacidad eléctrica—, pero también una mucho más profunda: sin energía suficiente, estable y competitiva no existe política industrial que aguante.

Durante el evento “Electricidad para el Bienestar” se informó que las interrupciones del servicio eléctrico en Campeche se han reducido alrededor de 5% este año y que ya operan refuerzos entre la central de ciclo combinado y distintas subestaciones, con una inversión cercana a 200 millones de pesos. Se anunció además un paquete de 24 obras de modernización de redes por 627 millones de pesos para el periodo 2025-2029 y una de las obras más importantes para Carmen: la línea Isla del Carmen-Puerto Real, de aproximadamente 110 kilómetros, con una inversión superior a mil 80 millones de pesos, avance de 96% y fecha prevista de entrada en operación el próximo 11 de noviembre. El proyecto beneficiará a cerca de 98 mil usuarios y reforzará una zona que concentra buena parte de la actividad económica vinculada al sector energético.

A ello se agregan trabajos de electrificación y expansión que forman parte de una estrategia más amplia. Los datos difundidos después del evento sitúan por encima de 2 mil 400 millones de pesos el conjunto de inversiones relacionadas con el fortalecimiento eléctrico de Campeche. La estrategia incluye también obras para ampliar la cobertura y acercarla prácticamente al cien por ciento. El Gobierno Federal ha planteado alcanzar una cobertura nacional de 99.99% hacia 2028, mientras que en Campeche se han señalado cientos de acciones de electrificación adicionales. La dimensión del esfuerzo importa porque durante años el problema del estado no fue solamente pagar caro la luz, sino recibirla con interrupciones, variaciones de voltaje, redes insuficientes y zonas particularmente vulnerables como Atasta y Ciudad del Carmen.

El caso de Atasta permanece como la prueba más visible de que todavía falta camino por recorrer. Ahí los apagones, los bajones de voltaje y los daños a aparatos han generado inconformidad social, protestas y bloqueos. La nueva subestación es una obra indispensable, pero los habitantes tienen razón en exigir algo más que porcentajes de avance: quieren una fecha cierta para que la infraestructura esté no solamente terminada, sino energizada y funcionando. La diferencia entre inaugurar una obra y resolver un problema es exactamente ésa. El reto de la CFE será que los anuncios de inversión terminen reflejándose en menos interrupciones y en un servicio cotidiano más confiable.

Pero sería injusto analizar la relación entre Campeche y la Comisión Federal de Electricidad únicamente desde los problemas. En este sexenio ocurrió algo que durante muchos años se buscó sin conseguirse: la aplicación de la tarifa 1F en todo el estado. Desde diciembre de 2023 Campeche tiene la tarifa doméstica 1F, la más baja para regiones de altas temperaturas. Campeche se convirtió además en el único estado del país que combinó esa tarifa con un esquema de subsidio estatal para reducir todavía más el costo de los recibos domésticos.

No fue una concesión que cayó del cielo. Fue resultado de insistencia, convencimiento, estudios, trabajo político y gestión. Antes de Layda Sansores hubo gobiernos que plantearon la necesidad de tarifas más justas para Campeche y que no consiguieron extender la 1F a todo el territorio estatal. La administración actual convirtió esa vieja demanda en un acuerdo concreto con la CFE. Puede discutirse prácticamente cualquier política pública y pueden existir críticas legítimas sobre muchos aspectos de un gobierno, pero los hechos que benefician directamente a la población también deben reconocerse. La tarifa 1F es uno de ellos.

Y aquí aparece la segunda dimensión del anuncio eléctrico: la economía. Cuando un empresario estudia dónde instalar una fábrica, un centro logístico, una planta de transformación o una operación industrial, no decide únicamente por incentivos fiscales. Pregunta si hay energía suficiente, cuánto cuesta, qué tan confiable es, si existe gas natural, qué puertos tiene cerca, cómo moverá su mercancía y qué conexión dispone con carreteras y ferrocarril. Durante demasiado tiempo Campeche pudo presumir ubicación geográfica y recursos naturales, pero no una plataforma integral capaz de competir con otras entidades por inversiones industriales.

Eso comienza a cambiar. Seybaplaya ya tiene formalmente un Polo de Desarrollo Económico para el Bienestar, concebido para atraer nuevas actividades productivas. Su ubicación es estratégica: cercana al puerto, conectada con la carretera federal, relativamente próxima al aeropuerto de Campeche y vinculada a la infraestructura ferroviaria del Tren Maya. La lógica es clara: combinar logística, industria, energía y conectividad en un mismo espacio.

Es decir, la electricidad anunciada por la CFE no debe verse aislada. Es una pieza que comienza a conectarse con otras: el puerto de Seybaplaya en proceso de expansión, el Polo de Desarrollo, el Tren Maya y su futura utilización intensiva para carga, la posibilidad de contar con gas natural, la infraestructura carretera, la actividad petrolera de Carmen y la posición de Campeche frente al Golfo de México. Cuando todas esas variables empiezan a coincidir, cambia la conversación con un inversionista. Ya no se le ofrece solamente terreno barato o mano de obra; se le ofrece logística, energía, conectividad y acceso a mercados.

El propio proyecto de Seybaplaya se concibió sobre esa lógica. El objetivo es integrar agua, electricidad, vivienda, conectividad e incentivos para atraer empresas nacionales y extranjeras. Su ubicación busca aprovechar la cercanía con el puerto y la actividad energética, y diversificar una economía que durante décadas dependió en gran medida del petróleo y de la derrama asociada a Pemex.

El gas natural puede convertirse en otra pieza decisiva. Para muchas industrias intensivas en energía, disponer de gas natural determina costos de producción y, por tanto, la decisión de instalarse o no en una región. Si Campeche consigue sumar gas disponible, electricidad suficiente, puertos funcionales y terrenos industriales con certeza jurídica, tendrá argumentos mucho más sólidos frente a estados que históricamente le han ganado inversiones.

Hay también un componente de seguridad energética regional que no debe olvidarse. Campeche no es una isla eléctrica. Las líneas que cruzan Escárcega y conectan hacia Yucatán forman parte de un sistema peninsular que ha mostrado vulnerabilidades. Cada refuerzo que se hace en Campeche no solamente beneficia al estado; contribuye a estabilizar el suministro de toda la Península. Lo mismo ocurre con Carmen. Una infraestructura eléctrica más robusta en la isla fortalece una zona petrolera y de servicios estratégicos para todo el país.

Por eso la visita de Emilia Calleja merece ser vista con mayor profundidad que la ceremonia. No estamos hablando solamente de postes, transformadores o cables. Estamos hablando de competitividad. Una empresa difícilmente colocará cientos o miles de millones de pesos en un lugar donde puede perder horas de producción por apagones. Una cadena de frío no puede depender de una red inestable. Una fábrica no puede operar con variaciones continuas de voltaje. Un puerto moderno tampoco puede desarrollarse sin suministro eléctrico confiable. La infraestructura eléctrica es, junto con el agua, las comunicaciones y el transporte, una de las condiciones básicas del crecimiento económico.

Sería igualmente equivocado afirmar que todo está resuelto. No lo está. Hay comunidades que siguen padeciendo fallas, hay obras pendientes y Atasta continúa esperando una solución definitiva. Los anuncios de inversión tendrán que medirse por sus resultados y por el cumplimiento puntual de sus fechas. La línea Carmen-Puerto Real tiene una primera prueba el 11 de noviembre. La modernización de las 24 redes deberá reflejarse en indicadores claros de continuidad del servicio. Y la población deberá poder comprobar que los miles de millones invertidos se traducen efectivamente en menos apagones.

Pero también sería mezquino no reconocer que se están acomodando piezas que durante décadas permanecieron dispersas. La tarifa 1F disminuyó el costo de la electricidad para las familias. Las inversiones actuales buscan mejorar la calidad del servicio. El gas natural abre una oportunidad industrial. Seybaplaya ofrece puerto y polo de desarrollo. El Tren Maya incorpora infraestructura ferroviaria. Carmen mantiene su posición energética. Y todo ello ocurre en un momento en que Campeche necesita desesperadamente diversificar su economía y crear nuevas fuentes de empleo.

La gran oportunidad consiste en que estas inversiones no se queden como obras independientes. Que la energía eléctrica dialogue con el puerto. Que el puerto dialogue con el ferrocarril. Que el gas llegue al polo industrial. Que las empresas encuentren certeza jurídica, agua y conectividad. Que los jóvenes campechanos encuentren empleos que hoy tienen que buscar fuera. Y que el estado deje poco a poco de depender de una sola actividad económica.

Campeche ha tenido durante muchos años recursos, ubicación y potencial. Lo que pocas veces tuvo fue todas las condiciones reunidas al mismo tiempo. Si la infraestructura eléctrica anunciada se cumple, si el gas se consolida, si los puertos siguen creciendo y si Seybaplaya logra atraer empresas reales, podríamos estar frente a algo más importante que una suma de obras: la construcción de una plataforma de desarrollo.

La energía, al final, no es únicamente la luz que llega a una casa. Es la corriente que puede mover una fábrica, mantener una planta funcionando, operar un puerto, conservar alimentos, bombear agua, atraer capital y generar empleos. Ahí está la verdadera dimensión de lo anunciado.

Después de muchos años esperando que el desarrollo llegara a Campeche, quizá sea momento de entender que el desarrollo no llega solo. Hay que construirle el camino. Y ese camino necesita electricidad.