LA LATA DE CANGREJOS VOLVIÓ A APARECER

NADA PERSONAL

LA LATA DE CANGREJOS VOLVIÓ A APARECER

Por Tomas Zapata Live

Terminó la semana de comparecencias de los funcionarios del Gobierno del Estado ante el Congreso de Campeche y quedó flotando aquella pregunta que nos hacíamos antes de que comenzaran: ¿íbamos a aprovechar este ejercicio para revisar qué se ha hecho, qué falta, qué se hizo mal y qué debemos corregir, o terminaríamos convirtiéndolo otra vez en nuestra muy campechana lata de cangrejos, donde lo importante no es subir todos sino jalar al que intenta hacerlo?

Pasaron las comparecencias y creo que hubo de todo. Hubo funcionarios que llegaron con números, diputados que hicieron preguntas importantes, cuestionamientos necesarios, respuestas que convencieron y otras que seguramente no. Hubo datos que deberían seguir analizándose y gastos que tienen que explicarse.

Eso es precisamente la rendición de cuentas. Nadie que administre dinero público puede molestarse porque le pregunten qué hizo con él, y ningún diputado debería sentirse incómodo por cuestionar hasta el último peso. Para eso son las comparecencias y para eso existe el Congreso.

Lo lamentable es que por momentos nos ganó otra vez el ruido. Nos ganó la política, nos ganó el hígado y, posiblemente, comenzaron a ganarnos también las elecciones que vienen. Porque mientras había secretarios presentando información que verdaderamente importa para conocer la situación del estado, las redes sociales terminaron haciendo lo que hacen siempre: quedarse con el pleito, con la frase dura, con la descalificación, con aquello que puede cortarse en treinta segundos, subirse a Facebook y convertirse en escándalo.

Y no estoy diciendo que las comparecencias hayan sido un fracaso. Sería injusto. En Finanzas, por ejemplo, se presentaron números que merecen ser revisados con seriedad. Se habló de ingresos por 28 mil 789.7 millones de pesos y de un gasto de 28 mil 280.4 millones. También apareció un dato que necesariamente tenía que provocar cuestionamientos: los 6.7 millones de pesos destinados con recursos estatales a la transmisión pública de partidos del Mundial. ¿Era necesario? ¿Fue una buena decisión? ¿Existían otras prioridades? Preguntarlo no es golpear al Gobierno, es hacer exactamente lo que debe hacerse con el dinero de todos.

En Seguridad volvió a presentarse un asunto que llevamos años discutiendo: la diferencia entre lo que dicen las estadísticas y lo que siente la gente. Marcela Muñoz presentó resultados y cifras, pero también habló del efecto de las redes sociales sobre la percepción de inseguridad. Y aquí siempre he pensado lo mismo: un gobierno no puede gobernar solamente con percepciones, pero tampoco puede despreciarlas. Si las estadísticas dicen que estamos mejor y el ciudadano siente que estamos peor, algo está fallando. La respuesta nunca puede ser decirle a la gente que está equivocada por sentir miedo.

En Educación también hubo números importantes. Más de 340 mil estudiantes atendidos, acciones de infraestructura, inversión en escuelas y, al mismo tiempo, datos que deben preocuparnos, como el abandono escolar en educación media superior y superior. Esos deberían ser los asuntos capaces de generar grandes debates públicos, porque ahí se juega buena parte del futuro de Campeche. Pero una cifra de abandono escolar difícilmente consigue las reproducciones que consigue un pleito entre un diputado y un secretario. Ese tema tan importante para el futuro de Campeche y los Campechanos, no intereso. No hace ruido, no deja “likes” no enloquece al pueblo.

Entonces llegó Turismo. Aqui sí apareció de cuerpo entero nuestra famosa lata de cangrejos. La secretaria de Turismo, Adda Solís Peniche, tenía mucho que explicar. Había preguntas absolutamente válidas sobre promoción turística, ocupación hotelera, llegada de visitantes, derrama económica, campañas publicitarias y, por supuesto, sobre el famoso barco instalado en el malecón, cuyo costo ha provocado críticas y cuestionamientos. Todo eso tenía que preguntarse. Todo. Hasta el último peso. Si el barco costó demasiado, que se diga. Si no produjo ningún beneficio turístico, que se demuestre. Si la estrategia de promoción no está funcionando, que se presenten los números. Si los empresarios están inconformes, que se les escuche.

Pero una cosa es cuestionar y otra muy diferente descalificar.

La intervención de la diputada Mónica Fernández Montúfar cruzó, a mi juicio, esa línea cuando calificó la gestión de la secretaria como “verdaderamente trágica”. Ya no era solamente una pregunta. Era un juicio emitido desde su propia valoración sobre la funcionaria antes de permitir que fueran los números y los resultados los que construyeran esa conclusión.

Lo que es particularmente lamentable, fue ver a una mujer descalificando de esa manera a otra mujer. No porque las mujeres no puedan cuestionarse entre ellas. Claro que pueden. Faltaba más. La igualdad también significa poder ejercer una crítica dura. Pero precisamente por eso hubiera sido mucho más contundente ver a una diputada derrotar a una secretaria con datos, con números, con argumentos, con resultados, y no mediante una descalificación personal o política.

Pregúntele cuánto gastó. Pregúntele dónde lo gastó. Pregúntele cuántos turistas llegaron. Pregúntele cuánto dejaron. Pregúntele cuánto aumentó o disminuyó la ocupación hotelera. Pregúntele cuánto costó el barco. Pregúntele quién lo contrató y para qué sirve. Pregúntele todo. Para eso está sentada ahí. Y si las respuestas demuestran que la gestión fue verdaderamente trágica, entonces que sea el ciudadano quien llegue a esa conclusión. Pero cuando la conclusión viene incluida desde antes en la pregunta, entonces tenemos derecho a preguntarnos si realmente se buscaba una respuesta.

Porque esa intervención dejó otra impresión: que quizá importaba menos lo que respondiera Adda Solís, porque lo que buscaban es lo que después pudiera circular en las redes.

Y ahí está el problema. Una explicación sobre presupuesto necesita cinco minutos. Una discusión sobre ocupación hotelera necesita números. Un análisis de derrama económica requiere contexto. Pero decirle a una secretaria que su gestión es “verdaderamente trágica” necesita unos cuantos segundos.

Perfecto para un reel.

Perfecto para Facebook.

Perfecto para TikTok.

Perfecto para WhatsApp.

Perfecto también para posicionarse políticamente.

Aquí es donde tenemos que comenzar a preguntarnos si algunos de nuestros políticos están hablando realmente para el funcionario que tienen enfrente o para la cámara que tienen al lado. Si preguntan para obtener respuestas o preguntan para obtener videos. Si quieren fiscalizar o quieren posicionarse. Porque 2027 ya está sentado a la mesa aunque nadie lo haya invitado.

No afirmo conocer las intenciones personales de la diputada Mónica Fernández. Eso solamente las conoce ella. Pero políticamente su intervención produjo exactamente ese efecto: la descalificación terminó teniendo mucha mayor circulación que cualquier respuesta técnica que pudiera ofrecer la secretaria. Y cuando sucede eso, la comparecencia corre el riesgo de convertirse no en un instrumento de rendición de cuentas sino en una fábrica de contenidos electorales. Porque la gente, lamentablemente, se va muchas veces con lo malo. Con el pleito. Con el escándalo. Con la porquería. Con el grito. Con la frase que lastima. Eso corre como pólvora. Mientras tanto, los números, los proyectos, las explicaciones y hasta las buenas noticias tienen que hacer fila para ver si alguien les presta atención.

Esa es también nuestra lata de cangrejos.

Nos gusta más ver caer a alguien que analizar su trabajo. Ese era el fin de esa comparecencia en especifico y todos lo sabian, incluyendo a la secretaria y su equipo y prefirieron irse a los datos duros que aprovechar el momento para contestar politicamente a la diputada y voltearle la tortilla. ¿Error de estrategia? ¿novatez? ¿O simple y sencillamente confianza en su capacidad y trabajo? Eso solamente lo saben ellos, pero Adda perdio una maravillosa oportunidad de poner en su sitio a una dama que mas parecia una enemiga mortal que una diputada. Sin embargo, en otra oportunidad mas adelante, Vania Kelleher con mas tablas, antes de comenzar les metió una severa repasada a los diputados y les dio un poco de su propia medicina cuando lo subio a redes y al querer contestar, solo se emrollaron mas con el tema. ¿es tan difícil combatir la porqueria y la perversidad politica con decencia? No lo creo.

Y no se trata de defender a Adda Solís ni a ningún otro funcionario. Si un funcionario se equivoca, hay que decirlo. Si gasta mal, hay que señalarlo. Si miente, hay que exhibirlo. Si no puede con el cargo, también hay que decirlo. Pero una cosa es fiscalizar y otra linchar; una cosa es cuestionar y otra destruir.

Lo mismo vale para los diputados de oposición que para los diputados de Morena. Porque también sería absurdo convertir las comparecencias en una ceremonia de aplausos. El diputado oficialista que solamente acude a felicitar al secretario tampoco está cumpliendo completamente con su responsabilidad. El Congreso no está para golpear funcionarios, pero tampoco está para echarles porras. Está para preguntar. Está para revisar. Está para exigir. Y está para representar a quienes no podemos sentarnos frente a un secretario y preguntarle personalmente qué hizo con nuestro dinero.

Aunque en honor a la verdad, el tremendo desorden político debido a la falta de carácter y liderazgo por parte del supuesto coordinador de la bancada de morena, y el control férreo de las cabezas de Movimiento ciudadano sobre la vida política, administrativa y hasta social del congreso, en esta ocasión -hay que decirlo- resulto positivo: no hubo acuerdos en lo oscurito ni se negocio protección para nadie. ¿o si?

Por eso creo que, en términos generales, las comparecencias dejaron cosas positivas. No ocurrió el incendio político generalizado que algunos anticipaban. Hubo momentos institucionales, información importante y funcionarios que respondieron. Pero también quedó demostrado que la tentación del espectáculo sigue presente y que conforme se acerque 2027 será cada vez mayor.

Aquí está el verdadero peligro. Que nos pasemos los próximos meses viendo quién destruye mejor a quién mientras Campeche tiene problemas mucho más serios que resolver. Necesitamos inversión. Necesitamos empleo. Necesitamos turismo. Necesitamos seguridad. Necesitamos mejores carreteras. Necesitamos hospitales que funcionen. Necesitamos educación. Necesitamos aprovechar los proyectos de infraestructura que están llegando y necesitamos dejar de expulsar a nuestros jóvenes porque aquí no encuentran oportunidades. Asi nos la hemos pasado desde 1857 y en 1909 Martinez Alomia nos lo echo en cara.

Para eso necesitamos Gobierno y oposición.

Necesitamos funcionarios que rindan cuentas y diputados que los cuestionen. Necesitamos crítica. Mucha. Necesitamos debate. Muchísimo. Lo que no necesitamos es seguir despedazándonos.

Porque una crítica fuerte no necesita insultar. Una buena pregunta no necesita humillar. Un diputado preparado puede poner contra las cuerdas a cualquier funcionario con una sola cifra bien investigada. Y un funcionario que tiene resultados puede responder el cuestionamiento más duro sin esconderse detrás del discurso político. Eso es lo que debería ocurrir en el Congreso.

Ahora que terminaron las comparecencias sería extraordinario que no terminara también la rendición de cuentas. Que dentro de seis meses podamos revisar qué pasó con los cuestionamientos que se hicieron, qué se corrigió, qué compromisos se cumplieron y cuáles quedaron pendientes. Porque si todo termina con la última comparecencia, entonces el próximo año volveremos a sentarnos exactamente en el mismo lugar, con otras carpetas, otros discursos, otros pleitos y probablemente los mismos problemas. Campeche ya no tiene tiempo para eso.

Mientras otros estados compiten por inversiones, tecnología, turismo, infraestructura y empleos, nosotros no podemos seguir perfeccionando ese antiquísimo deporte de jalar hacia abajo al que intenta subir.

Ya sabemos cómo termina esa historia.

Nadie sale de la lata.

Y al final perdemos todos.

Vamos a construir, no a destruir.

Nada Personal.